Oleada de ataques a escuelas en África: secuestros y golpes militares
Abusos en Nigeria desplazan y secuestran a decenas; operaciones conjuntas con EE. UU. reaccionan mientras Kenia sufre un fuego mortal en un internado.
- 01Secuestros en Borno
- 02Incursiones en el sur
- 03Ofensiva conjunta con EE. UU.
- 04Impacto en la educación
- ◆Contexto
- ◆Qué se disputa
- ◆Qué viene
En menos de dos semanas, ataques contra escuelas en Nigeria dejaron decenas de alumnos desaparecidos y obligaron a comunidades a evacuar aulas, mientras las fuerzas nigerianas, con apoyo de Estados Unidos, lanzaron ofensivas contra líderes yihadistas. ONG y autoridades locales difieren en las cifras: informes van desde 30 hasta más de 80 menores reportados como missing en distintos episodios. La violencia ocurre cerca del bosque de Sambisa, un bastión de Boko Haram y del Estado Islámico en África Occidental (ISWAP). Al mismo tiempo, en Kenia un incendio en un internado femenino mató al menos 16 estudiantes y reavivó la preocupación por la seguridad escolar en la región.
Los ataques muestran dos tendencias simultáneas: grupos armados siguen utilizando escuelas como objetivos estratégicos para obtener atención y rescates, y el gobierno nigeriano ha escalado la cooperación militar con Estados Unidos, que afirma haber eliminado dirigentes clave del ISWAP. La mezcla de violencia local —incluyendo bandas criminales que secuestran por rescate— y ataques yihadistas complica la respuesta y aumenta la presión sobre familias y comunidades para retirar a sus hijos de la escuela. Mientras tanto, tragedias no relacionadas como el incendio en Kenia subrayan riesgos estructurales en la protección de estudiantes en internados africanos.
Secuestros en Borno
En el área de Askira‑Uba, cerca del bosque de Sambisa, militantes atacaron la escuela primaria y secundaria de Mussa y, según versiones locales, se llevaron a decenas de alumnos. El senador Mohammed Ali Ndume declaró que fueron 42 escolares —28 de primaria, cuatro de secundaria y diez menores arrancados de sus casas— y fuentes locales hablaron de disparos y casas incendiadas durante el asalto. El portavoz policial de Borno, Nahum Daso, confirmó el ataque y dijo que todavía se realiza un conteo para precisar si hubo rapto masivo o huidas masivas de alumnos.
Incursiones en el sur
Horas aparte del ataque en Borno, dos escuelas primarias en el área de Oriire, en el estado occidental de Oyo, fueron asaltadas y organizaciones de derechos humanos y autoridades locales reportaron decenas de niños desaparecidos. La policía de Oyo, por medio del portavoz Ayanlade Olayinka, informó de la detención de tres sospechosos identificados por la comunidad, mientras que el funcionario local Peter Wabba mencionó a la prensa cifras de hasta 48 víctimas en esa provincia. Las autoridades del sur calificaron el episodio de raro para la región, donde los secuestros escolares son menos frecuentes que en el norte.
Ofensiva conjunta con EE. UU.
El ejército nigeriano informó de operativos recientes con apoyo estadounidense que habrían matado a dirigentes y a decenas de combatientes del Estado Islámico en la provincia de África Occidental. El gobierno atribuye la eliminación del sublíder Abu Bakr al‑Mainuki y otras bajas a una operación conjunta que, según el portavoz militar Samaila Uba (aparecido también como Sani Uba), dañó redes de financiamiento y puestos de control del grupo. El jefe del Comando Africano de EE. UU., general Dagvin Anderson, dijo en una audiencia que la cooperación mostró capacidades que Washington puede aportar en África y que las operaciones continuarán en coordinación con Fuerzas nigerianas.
Impacto en la educación
Amnistía Internacional y organizaciones locales alertan que el temor a los secuestros está obligando a las familias a retirar a niños de la escuela y que niñas están siendo casadas para “protegerlas” de ataques. El líder de la milicia aliada al Ejército, Muhammad Goni, describió a EFE el asalto y estimó en decenas la cifra de capturados en Mussa; esas dinámicas agravan la deserción y el daño psicológico en comunidades enteras. Analistas de seguridad señalan que los grupos armados usan las escuelas como blanco estratégico para obtener atención, reclutar y negociar rescates, lo que perpetúa el ciclo de violencia.
Desde el surgimiento de Boko Haram en 2009 y la escisión que dio lugar al ISWAP, el noreste de Nigeria ha sido escenario de secuestros masivos —el caso de Chibok en 2014 marcó la atención internacional— y de combates intermitentes con fuerzas estatales y milicias locales. Tras un incidente diplomático con Washington el año previo, Abuja permitió el despliegue de tropas estadounidenses en febrero y la cooperación se ha ido intensificando hasta operaciones conjuntas que, según el analista Bulama Burkati, pueden producir golpes tácticos importantes pero exigen sostenimiento para debilitar permanentemente a las redes insurgentes. Mientras tanto, grupos criminales denominados “bandidos” mantienen la práctica del secuestro por rescate en el centro y noroeste del país.
Las cifras y los relatos no cuadran: EFE habló de “al menos 30” estudiantes secuestrados en Mussa, La Tercera y el senador Mohammed Ali Ndume reportaron 42, autoridades locales y ONG calcularon más de 80 desaparecidos en episodios simultáneos, y la policía de Borno dijo que aún falta completar el conteo para confirmar si hubo abducciones masivas. Esas discrepancias complican la verificación y la respuesta inmediata.
A corto plazo habrá que seguir tres vectores concretos: los conteos y las investigaciones policiales en Oyo y Borno para precisar el número de niños secuestrados y la identidad de los capturados; las comunicaciones oficiales del ejército nigeriano y de AFRICOM sobre nuevas operaciones y rescates tras las afirmaciones de muertes de líderes; y los resultados de las pesquisas forenses en Kenia sobre la causa del incendio en Utumishi/Utumishi Girls’ Academy, donde las autoridades aún interrogan a sobrevivientes. Las próximas actualizaciones provendrán de comunicados militares, balances policiales y reportes de ONG de derechos humanos.