Negociaciones en Washington extienden el alto el fuego; los ataques continúan y el saldo libanés supera los 3.000 muertos.
Delegaciones de Líbano e Israel concluyeron en Washington una ronda de negociaciones que acordó prorrogar por 45 días el frágil alto el fuego entre ambos, en un proceso auspiciado por la administración Trump. Las conversaciones, celebradas el 14 y 15 de mayo, buscaron fijar pasos hacia un acuerdo de seguridad y la retirada de tropas israelíes del sur libanés. Pese a la extensión, los combates no han cesado: ataques aéreos israelíes y proyectiles de Hezbolá siguieron causando víctimas en ambos lados de la frontera. La delegación estadounidense describió las jornadas como “productivas” y anunció nuevas mesas militares y políticas para fines de mes y principios de junio.
El acuerdo de 45 días convierte a las negociaciones directas entre los dos países en el eje diplomático inmediato, pero no resuelve el núcleo del conflicto: Israel exige el desarme de Hezbolá y plantea la posibilidad de normalización, mientras Líbano busca primero la retirada militar y garantías de seguridad. La brecha se agrava porque Hezbolá no participa en las conversaciones y mantiene ataques transfronterizos, y porque la tregua ha permitido solo una reducción parcial de hostilidades. En el terreno humanitario, las cifras oficiales libanesas reflejan una crisis masiva de desplazamiento y mortalidad que seguirá marcando la negociación.
Las conversaciones en la capital estadounidense, descritas por la delegación norteamericana como productivas, acordaron extender el cese de hostilidades 45 días para permitir avances técnicos y políticos. El Departamento de Estado convocó además una nueva ronda de negociaciones los días 2 y 3 de junio y una mesa militar para el 29 de mayo en el Pentágono. La etapa actual elevó el nivel de representación —con enviados superiores en lugar de sólo embajadores— en un intento por traducir la tregua en pasos verificables sobre el terreno.
El costo humano en Líbano siguió escalando: el Ministerio de Salud de Líbano elevó el número de fallecidos por los ataques israelíes a más de 3.000 y reportó casi 9.000 heridos, mientras ACNUR estimó que alrededor de 1,2 millones de personas han sido desplazadas. La prolongación del conflicto ha roto infraestructuras sanitarias y forzado a poblaciones enteras a refugiarse en tiendas y a lo largo de la costa de Beirut. Esos números son el telón de fondo que presiona a Beirut para buscar garantías de retorno y seguridad en cualquier acuerdo.
En el terreno, los enfrentamientos continuaron con ataques aéreos israelíes que mataron decenas de civiles en localidades del sur y el sur del Líbano, y con drones y proyectiles de Hezbolá que golpearon posiciones en el norte de Israel. Las operaciones israelíes reportaron objetivos de infraestructura de Hezbolá y episodios aislados con impacto civil, incluidos centros médicos y rutas principales, según los balances oficiales. Las patrullas y ofensivas mantienen alta la tensión pese a la tregua formal.
Las posiciones negociadoras son encontradas: la representación israelí puso sobre la mesa la desmilitarización de Hezbolá como condición para avanzar hacia la normalización diplomática, mientras la delegación libanesa pidió primero la retirada de las fuerzas israelíes y garantías de seguridad. El enviado libanés Simon Karam y el número dos de seguridad israelí Yossi Draznin participaron en la sesión, que elevó el nivel técnico de los contactos. El embajador israelí en Washington, Yechiel Leiter, dijo que Israel aspira “a negociar por una paz plena como si Hezbolá no existiera — fronteras, embajadas, visados, turismo, todo”.
“a negociar por una paz plena como si Hezbolá no existiera — fronteras, embajadas, visados, turismo, todo”— Yechiel Leiter
El conflicto regional también obliga a discreción entre aliados: la cooperación militar entre Israel y Emiratos Árabes Unidos —incluida la supuesta provisión del sistema Iron Dome— fue ventilada en público por el embajador de EE. UU. en Israel y reactivó una negación oficial de Abu Dabi sobre visitas israelíes. Analistas regionales advierten que la exposición pública de esos lazos complica a los socios árabes que buscan evitar el costo político interno de abrirse demasiado a Israel durante la guerra.
Persiste una disputa pública sobre la naturaleza y la visibilidad de la cooperación regional: el primer ministro Netanyahu afirmó haber visitado Emiratos Árabes Unidos y reveló apoyo logístico, pero Abu Dabi negó haber recibido delegaciones militares. En la mesa de negociación bilateral también chocan versiones sobre el objetivo último: Israel insiste en condicionar avances políticos al desarme de Hezbolá, mientras Líbano afirma que la normalización no está en la agenda por ahora.
El próximo hito será la mesa militar pactada para el 29 de mayo en el Pentágono y una nueva ronda política programada para el 2 y 3 de junio en Washington; ambas citas medirán si la tregua técnica se traduce en medidas verificables sobre retirada, desarme y protección de civiles. Observadores estarán atentos a si Hezbolá acepta vías paralelas o mantiene su rechazo a las negociaciones exclusivas entre estados.