Teherán endurece su retórica mientras negocia con Omán y crece la disputa sobre ataques y responsabilidad internacional.
Irán afirmó tener el “control total” del estrecho de Ormuz y advirtió a cualquier fuerza militar que intente interferir en la ruta marítima, en declaraciones oficiales difundidas a fines de mayo desde Teherán. Al mismo tiempo, la representación iraní ante la ONU advirtió que los países que respalden un proyecto de resolución impulsado por Estados Unidos asumirán responsabilidad por una posible escalada. El borrador, presentado por EE. UU. y Baréin, busca defender la libertad de navegación y exige a Irán cesar ataques y minados en el paso. La crisis mantiene cientos de buques varados y amenaza el comercio de hidrocarburos mundial.
El estrecho de Ormuz concentra un tránsito previo del 20% del petróleo global, por lo que cualquier cambio en su regulación altera precios y seguridad energética. La propuesta de resolución busca un respaldo internacional a la libre navegación, pero Teherán la tilda de pretexto para justificar acciones militares. A la vez, Irán ha comenzado a definir nuevas reglas de paso y negocia con países vecinos, lo que podría institucionalizar un control persa del corredor. Esa dualidad—diplomacia en la ONU versus medidas prácticas en el mar—marca el nuevo epicentro de la crisis regional.
La Misión Permanente de Irán ante la ONU en Nueva York lanzó una dura advertencia contra aquellos Estados que apoyen el borrador presentado por Estados Unidos y Baréin, argumentando que facilitarían una “agresión estadounidense”. En una publicación en X la delegación afirmó que ningún amparo diplomático podrá absolver responsabilidades por una nueva escalada, señalando que Washington busca proyectar una “falsa imagen” de amplio respaldo. El mensaje busca presionar a países copatrocinadores y complicar el avance político del texto en foros multilaterales.
““Ninguna excusa política ni cobertura diplomática podrá absolverlos de su responsabilidad por facilitar, permitir y legitimar la agresión estadounidense””— Misión Permanente de Irán ante la ONU
El borrador presentado el 7 de mayo por Estados Unidos y Baréin reclama la libertad de navegación y exige a Irán cesar ataques, minado y el cobro de peajes a buques. El texto cuenta con el respaldo de Kuwait, Catar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos y eliminó referencias al Capítulo VII de la Carta de la ONU respecto a uso de la fuerza, una salvedad que buscó sortear vetos de Rusia y China. La iniciativa pretende dar cobertura política a operaciones navales internacionales en la zona si recibe apoyos suficientes.
El Cuartel General Central Jatam al-Anbiya afirmó que las Fuerzas Armadas iraníes ejercen “plena autoridad” sobre la gestión del estrecho y estableció que todos los buques deben transitar por rutas designadas con autorización de la Guardia Revolucionaria. El organismo publicó además un mapa de jurisdicción y zonas donde exige permisos, advirtiendo que incumplir las normas pondría en “grave riesgo” la seguridad de la navegación. La declaración advierte explícitamente a embarcaciones militares estadounidenses que serían consideradas objetivos si interfieren.
““La gestión del estrecho de Ormuz por parte de las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán se ejerce con plena autoridad””— Cuartel General Central Jatam al-Anbiya
Irán confirmó que negocia con Omán un nuevo mecanismo de paso por Ormuz y admitió contactos indirectos con Estados Unidos, aunque sin acuerdos hasta ahora. Ali Beghani Kani, subsecretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, dijo que “las condiciones y la regulación de paso… ya no serán como antes” y anticipó un procedimiento totalmente distinto. Esas conversaciones bilaterales y los contactos mediadores podrían redefinir quién controla el tránsito en la práctica.
“«Sin duda, las condiciones y la regulación de paso a través del estrecho de Ormuz ya no serán como antes. Aparecerá un procedimiento totalmente diferente»”— Ali Beghani Kani
Corea del Sur presentó el resultado de su investigación sobre un ataque en el estrecho ocurrido el 4 de mayo y concluyó que “es altamente probable” que el proyectil fuera un misil antibuque iraní de la serie Noor. El viceministro Park Yoon-joo llamó a convocar al embajador iraní para protestas y señaló que varias pruebas apuntan hacia Irán, aunque reconoció la dificultad para establecer intención plena. Ese hallazgo añade presión diplomática sobre Teherán y alimenta tensiones entre aliados regionales.
““El análisis técnico concluyó que es altamente probable que el proyectil no identificado sea un misil antibuque de la serie Noor desarrollado en Irán””— Park Yoon-joo
Emiratos Árabes Unidos negó haber realizado ataques ofensivos y afirmó que todas sus medidas en la guerra se enmarcan en acciones defensivas para proteger soberanía, civiles e infraestructura. La Cancillería emiratí respondió así ante informaciones que atribuyen a Abu Dabi operaciones secretas contra objetivos iraníes, incluida una refinería en Lavan. La réplica emiratí busca contener una posible ampliación del conflicto entre países del Golfo e Irán.
““Todas las medidas adoptadas por Emiratos se han enmarcado en acciones defensivas destinadas a proteger su soberanía, a los civiles y las infraestructuras vitales””— Ministerio de Asuntos Exteriores de Emiratos Árabes Unidos
Las fuentes discrepan sobre atribuciones y hechos: Emiratos niega haber atacado Irán pese a informes que lo señalan; Corea del Sur califica como “altamente probable” el origen iraní de un misil, sin responsabilizar totalmente a Teherán; e Irán considera la resolución de EE. UU. un pretexto para legitimar agresiones, mientras los copatrocinadores la presentan como defensa de la libre navegación.
El próximo hito será la tramitación del borrador en foros internacionales y la convocatoria de votaciones o debates que definan si el texto obtiene respaldo suficiente. Paralelamente, hay que seguir de cerca las negociaciones entre Irán y Omán y la mediación regional (incluida la de Pakistán) que podrían materializar un nuevo régimen de tránsito en Ormuz.