La demanda de que Arabia Saudí y otros aliados firmen los Acuerdos de Abraham puede redefinir la paz y la alianza en Medio Oriente.
El presidente Donald Trump condicionó esta semana un eventual acuerdo de paz con Irán a que aliados de Estados Unidos —entre ellos Arabia Saudí, Catar, Baréin, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Pakistán y Turquía— se adhieran a los Acuerdos de Abraham y normalicen relaciones con Israel. Trump afirmó en la Casa Blanca y en redes sociales que esos países “le deben” a Washington ese gesto y planteó incluso la posibilidad de que Irán llegara a normalizar sus vínculos con Israel si se cierra el pacto.
La propuesta llega mientras Estados Unidos e Irán negocian, con mediación paquistaní, un posible memorando que podría reabrir el estrecho de Ormuz, levantar sanciones y extender una tregua por 60 días para negociar un acuerdo más amplio. El reclamo de Trump ha generado escepticismo: Ali Vaez, director del Proyecto Irán en International Crisis Group, dijo que la idea no es viable para muchos Estados árabes, que exigen avances creíbles hacia un Estado palestino; al mismo tiempo la Guardia Revolucionaria iraní advirtió que respondería con decisión a cualquier violación del alto el fuego.
El próximo hito será la respuesta concreta de Arabia Saudí y Catar: si aceptan firmar los Acuerdos de Abraham o imponen condiciones, y si los negociadores paquistaníes y las partes concluyen el memorando que permita una tregua más amplia. Esas decisiones definirán si la iniciativa de Trump impulsa una nueva arquitectura de acuerdos o complica la mesa de negociaciones en un momento de alta tensión regional.