Combina el incremento de vuelos de vigilancia frente a la isla, el viaje de John Ratcliffe a La Habana y señales de una mayor coerción política y jurídica por parte de Washington
01Lo más reciente: el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana y se reunió con altos responsables del Ministerio del Interior y de los servicios de inteligencia cubanos en un encuentro aprobado por la llamada “Dirección de la Revolución”. La visita fue confirmada por fuentes oficiales cubanas, por la propia CIA y por medios internacionales, y se produce en medio de una escalada de tensiones entre Washington y La Habana.
02Participantes y contenido oficial: en las reuniones estuvieron el ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas; los jefes de inteligencia y contrainteligencia —Ramón Romero Curbelo y Norge Fermín Enrich Pons—, y también el asesor Raúl Rodríguez Castro (nieto de Raúl Castro). El comunicado oficial cubano defendió que en el encuentro se demostró que Cuba “no constituye una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU.” y negó que la isla albergue organizaciones terroristas, bases extranjeras o actividades hostiles desde su territorio.
03Posición estadounidense y condiciones: según fuentes de la CIA y medios que citaron a funcionarios, Ratcliffe transmitió el mensaje de la administración de que EE.UU. estaría dispuesto a explorar un diálogo más amplio —incluyendo asuntos económicos y de seguridad—, pero condicionado a “cambios fundamentales” por parte del Gobierno cubano. Paralelamente, informes señalan que Washington ha ofrecido ayuda económica y ciertas asistencias (como terminales Starlink) condicionadas a reformas y apertura política.
04Aumento notable de vuelos de inteligencia: desde el 4 de febrero las fuerzas navales y aéreas de EE.UU. han realizado al menos 25 vuelos de recopilación de inteligencia frente a las costas cubanas, muchos cerca de La Habana y Santiago de Cuba y algunos a menos de 64 km (40 millas) de la costa. Las aeronaves observadas incluyen patrulleros P-8A Poseidon, aviones RC-135V Rivet Joint y drones MQ-4C Triton; los rastreos se han documentado con plataformas abiertas como FlightRadar24 y ADS‑B Exchange.
05Sincronía con la retórica y medidas de la Casa Blanca: el repunte de vuelos coincidió con un endurecimiento discursivo del presidente Donald Trump —incluyendo publicaciones y comentarios sobre “ocupar” o “tomar” Cuba— y con medidas concretas como un bloqueo petrolero y la ampliación de sanciones. Medios y analistas observan un patrón similar previo a otras operaciones estadounidenses donde el aumento de vuelos públicos de inteligencia antecedió acciones en Venezuela e Irán.
06Investigación penal en EE.UU. contra Raúl Castro (posible): según EFE, citando a la cadena CBS, el Gobierno de EE.UU. estaría sopesando presentar una acusación formal contra el expresidente Raúl Castro por el derribo en 1996 de aeronaves de la ONG Brothers to the Rescue, un proceso que requeriría la aprobación de un gran jurado y que encaja en la estrategia más amplia de presión contra La Habana.
07Crisis energética y demanda de flexibilización del bloqueo: Cuba atraviesa un colapso del sector eléctrico agravado por el bloqueo petrolero impuesto por EE.UU.; las autoridades cubanas han reclamado el levantamiento o la flexibilización de las sanciones como vía para aliviar la crisis, mientras Washington condiciona la ayuda a reformas políticas y económicas.
08Señales, contrapuntos y riesgo de escalada: los rastreos públicos de los vuelos —aun cuando las aeronaves podrían ocultarse apagando balizas— han llevado a preguntas sobre si EE.UU. busca enviar una señal deliberada a La Habana. El Pentágono declinó comentar los hallazgos públicamente. En paralelo, La Habana insiste en que no permitirá agresiones y advierte que respondería con tácticas de guerra de guerrillas si fuera atacada, mientras ambos lados hablan de cooperación en seguridad y aplicación de la ley pese a la desconfianza.
09Balance e implicaciones: en días recientes confluyen tres dinámicas —presión coercitiva (vuelos de inteligencia y sanciones), acercamientos puntuales (la visita de Ratcliffe y conversaciones sobre cooperación) y la amenaza de acciones legales contra figuras del régimen— que muestran una estrategia estadounidense de máxima presión con ofertas condicionadas de diálogo. El resultado concreto es incierto: la mezcla de señales aumenta la volatilidad y deja abiertas tanto vías de negociación como el riesgo de nuevas tensiones.