Derrotas locales y regionales, oleada de dimisiones y la renuncia de Wes Streeting agudizan la presión sobre Keir Starmer mientras Downing Street busca estabilizar el gobierno
01El Partido Laborista sufrió una debacle en las elecciones locales y regionales que desencadenó la crisis: perdió alrededor de 1.400–1.500 concejales en Inglaterra, fue desalojado del poder en Gales tras 27 años y obtuvo su peor resultado histórico en las elecciones al Parlamento escocés. El avance del partido antiinmigración Reform UK fue un factor clave en las pérdidas laboristas y motivó el recrudecimiento de las críticas internas al liderazgo de Keir Starmer.
02En cuestión de días se multiplicaron las renuncias en el Gobierno: cuatro subsecretarios/miembros del Ejecutivo (Jess Phillips, Miatta Fahnbulleh, Alex Davies-Jones y Zubir Ahmed) anunciaron su dimisión por considerar insuficiente el liderazgo y pedir a Starmer que fije un calendario para su salida. Posteriormente el ministro de Salud, Wes Streeting, presentó también su renuncia, elevando la presión sobre Downing Street.
03La revuelta interna se tradujo también en peticiones formales: decenas de diputados laboristas (con recuentos que llegaron a más de 70–80 firmantes según distintos medios) exigieron la dimisión inmediata de Starmer o, al menos, un calendario para su relevo. Al mismo tiempo, alrededor de un centenar de parlamentarios firmó una declaración en apoyo del primer ministro, mientras sindicatos vinculados al laborismo solicitaron un proceso ordenado para elegir sucesor si procede.
04Starmer hasta ahora se ha negado a dimitir: argumenta que el Partido Laborista dispone de mecanismos internos para cuestionar a un líder y que no se han activado, y ha defendido que un relevo abrupto «sumiría al país en el caos». Desde Downing Street insistieron en que el primer ministro afrontará cualquier desafío de liderazgo y continuará con la agenda del gobierno mientras trata de restaurar la confianza.
05Para contrarrestar la crisis, Downing Street incorporó a dos figuras del Nuevo Laborismo: nombró a Gordon Brown como enviado especial para finanzas globales y a Harriet Harman como asesora sobre mujeres y niñas. La jugada buscó aportar experiencia, pero columnistas y algunos diputados cuestionaron su capacidad para transmitir la idea de cambio y acusaron a Starmer de recurrir al pasado en vez de ofrecer reformas claras.
06La controversia por nombramientos previos complicó el cuadro: la decisión de designar a Peter Mandelson como embajador en Washington reavivó escándalos tras la divulgación de correos electrónicos de 2009 y movimientos bancarios que vinculaban al exministro con Jeffrey Epstein, lo que alimentó críticas sobre el criterio de Starmer en nombramientos y sobre la gestión ética del Ejecutivo.
07El rey Carlos III leyó ante el Parlamento el Discurso del Rey con el programa legislativo del Gobierno en un contexto de máxima tensión política. Entre las prioridades anunciadas figuran la posible nacionalización de British Steel, la creación de un fondo soberano para infraestructuras, la implantación de un carnet de identidad digital, medidas para acelerar la energía nuclear y un marco para alinear normas con el mercado único europeo en áreas como los estándares alimentarios. El SNP anunció que presentará una enmienda que equivale a una moción de censura contra Starmer.
08La crisis tuvo repercusiones económicas: la prima de riesgo y las rentabilidades de los bonos soberanos subieron con fuerza —la rentabilidad a 30 años se situó en niveles no vistos en décadas— y la libra se depreció frente al dólar y el euro, reflejando la preocupación de los mercados por la inestabilidad política y el riesgo de un giro fiscal si el liderazgo cambiara por candidatos percibidos como más de izquierdas.
09Wes Streeting, durante días señalado como posible rival y preparado para presentar una contienda interna, presentó finalmente su dimisión como ministro de Salud y pidió públicamente a Starmer que «facilite» un proceso para sucederlo. En su carta defendió los logros en el NHS (reducción de listas de espera) y reclamó que el debate sobre el futuro del partido sea «una batalla de ideas, no de personalidades». Downing Street afirmó que Starmer afrontará cualquier desafío.
10Analistas y dirigentes locales subrayan que las causas de la crisis van más allá de la figura del primer ministro: la economía estancada, el coste de la vida, recortes en ayudas sociales y décadas de rezago en comunidades postindustriales y costeras explican el descontento electoral. Expertos y columnistas han advertido que cambiar al líder no bastará si no se modifican políticas y prioridades.
11El calendario inmediato apunta a debates parlamentarios tras el Discurso del Rey, movimientos en los pasillos del Partido Laborista para ver si se alcanzan las firmas necesarias para forzar una contienda (según las normas internas se requieren 81 diputados) y a una semana decisiva en la que se dirimirán apoyos, posibles candidaturas alternativas y la capacidad de Starmer para recomponer su gabinete y su proyecto antes de que la crisis derive en una batalla por la dirección del partido.