La participación cultural exhibe efectos comparables al ejercicio sobre marcadores biológicos del envejecimiento, con implicancias para políticas de salud pública.
Investigadores del University College London publicaron en la revista Innovation in Aging un estudio que asoció la participación en actividades artísticas y culturales —leer, escuchar música, ver películas o visitar museos— con un ritmo de envejecimiento biológico más lento. El análisis combinó siete “relojes” de envejecimiento derivados de biomarcadores sanguíneos en 3.556 adultos del Reino Unido y halló que tanto la frecuencia como la diversidad de la participación cultural se relacionan con una edad biológica menor, dijo Feifei Bu, investigadora en estadística y epidemiología de UCL, quien codirigió el trabajo.
Los autores reportan tamaños del efecto comparables entre la actividad física y la participación cultural, con resultados generalmente más fuertes en adultos de 40 años o más; el estudio controló por índice de masa corporal, tabaquismo, educación e ingresos. El análisis señaló que quienes realizaban alguna actividad cultural al menos una vez por semana mostraron un ritmo de envejecimiento hasta un 4% más lento. Al mismo tiempo, los investigadores y external reviewers advierten que el diseño es una instantánea transversal, por lo que no puede confirmarse causalidad: Eamonn Mallon puntualizó que quienes son biológicamente más jóvenes podrían ser también más activos socialmente, mientras James Stark valoró la robustez metodológica.
Los investigadores del UCL proponen que los “ingredientes” de las artes —estimulación sensorial, física, emocional y social— podrían mediar beneficios biológicos y sugieren integrar la cultura en estrategias de salud pública. El próximo hito del equipo será aplicar el mismo enfoque a otras poblaciones y países y analizar si la participación cultural influye en otros resultados biológicos, una pregunta que determinará si estas asociaciones son replicables fuera del contexto británico.