Probabilidades aumentan de un evento históricamente fuerte que puede intensificar olas de calor, sequías, inundaciones y temperaturas récord.
El Centro de Predicción Climática de la NOAA y la OMM advierten que El Niño se está formando más rápido de lo previsto y que hay ahora una probabilidad elevada de que alcance intensidad fuerte o muy fuerte —un raro “Súper” El Niño— entre otoño e invierno. Los boletines señalan que la temperatura del Pacífico tropical está subiendo y que existe casi certeza (96%) de que el fenómeno persistirá hasta el invierno boreal. Los modelos muestran un vasto reservorio de agua caliente en profundidad que podría ascender a la superficie y potenciar el evento. Si se materializa, sus efectos tendrían alcance global y podrían amplificar el calentamiento ya impulsado por el cambio climático.
La mayor importancia radica en que un El Niño más intenso altera patrones de lluvia y temperatura a escala hemisférica: puede acentuar olas de calor y sequías en algunas regiones, provocar lluvias torrenciales e inundaciones en otras y reducir la actividad ciclónica en el Atlántico. Esos cambios repercuten en la agricultura, el suministro de agua, la gestión de incendios y las economías locales y globales; estudios anteriores estiman pérdidas económicas masivas tras eventos severos. Además, un El Niño fuerte elevaría la probabilidad de que 2026 o 2027 entren en la disputa por el año más cálido registrado. Los pronosticadores advierten, sin embargo, que la incertidumbre sobre la intensidad máxima sigue siendo significativa.
La NOAA ha elevado las probabilidades de que el evento alcance niveles fuertes o muy fuertes: el último informe del Climate Prediction Center sitúa en dos de cada tres la posibilidad de que la intensidad máxima sea alta, y proyecta que las temperaturas de la superficie del Niño superarán el umbral de 0,5 °C en las próximas semanas. Esa lectura representa un cambio notable respecto de las previsiones de hace un mes, cuando se favorecían condiciones neutrales. El aumento de confianza se apoya en la acumulación reciente de agua cálida en las profundidades del Pacífico ecuatorial que, con el tiempo, puede subir y reforzar el fenómeno.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) señala también alta confianza en el inicio de El Niño y en su intensificación posterior, aunque recuerda las limitaciones de los modelos en pronósticos de primavera. El informe global de temporada subraya que las temperaturas de la superficie marina están subiendo rápidamente y que la señal ya es clara en diversos modelos estacionales. Esa validación institucional suma peso a la alerta, pero los técnicos insisten en monitorear la evolución atmosférica y oceánica durante el verano.
Varios científicos advierten que la combinación de calor subsuperficial excepcional y condiciones atmosféricas sincronizadas podría generar un El Niño entre los más intensos registrados, aunque no hay garantía. Daniel Swain, científico climático del California Institute for Water Resources, afirmó: "We still don’t know exactly what’s going to happen. It’s not guaranteed it’ll be a super El Nino. But the potential is there for something genuinely remarkable." Esa cautela refleja la distancia entre la señal oceánica y la respuesta atmosférica final.
“We still don’t know exactly what’s going to happen. It’s not guaranteed it’ll be a super El Nino. But the potential is there for something genuinely remarkable.”— Daniel Swain
Desde la observación operativa, meteorólogos prevén aumentos de olas de calor, más incendios y extremos hidrológicos en distintas latitudes, y un desplazamiento de la actividad tropical hacia el Pacífico central y oriental. Jeff Berardelli, meteorólogo jefe y especialista en clima, advirtió: "I think we’re going to see weather events that we’ve never seen in modern history before." También subrayó que El Niño tiende a suprimir huracanes en el Atlántico, mientras fortalece la actividad en el Pacífico.
“I think we’re going to see weather events that we’ve never seen in modern history before.”— Jeff Berardelli
Los antecedentes muestran costos económicos y sociales prolongados tras Super El Niños, y las ONG ya se preparan para necesidades humanitarias en zonas vulnerables. Andrew Kruczkiewicz, investigador de la Columbia Climate School, dijo que "The impacts can evolve in different ways and will evolve in different ways" y que la previsión temprana ayuda, aunque recortes de ayuda y limitaciones institucionales podrían dificultar la respuesta en algunos países. La experiencia histórica sugiere que la planificación anticipada será clave para mitigar daños.
“The impacts can evolve in different ways and will evolve in different ways”— Andrew Kruczkiewicz
El próximo hito observacional serán las actualizaciones mensuales del CPC y la OMM durante el verano, que seguirán la subida de la temperatura superficial y la evolución de los vientos ecuatoriales. Especialistas y agencias humanitarias vigilarán si la señal atmosférica se sincroniza con el calor oceánico; la ventana de noviembre a enero será clave para evaluar si el evento alcanza pico “súper” o se queda en fuerte.