Rusia lanza ataque masivo a Kiev con misil hipersónico
Centenares de drones y decenas de misiles, incluido el Oreshnik, golpearon la capital; aumenta la presión internacional y el riesgo de escalada.
- 01El bombardeo a Kiev
- 02El arsenal empleado
- 03Reclamos y represalias
- 04Defensas y limitaciones
- 05Reacción internacional
- ◆Contexto
- ◆Qué se disputa
- ◆Qué viene
Rusia ejecutó a fines de mayo un bombardeo combinado sobre Kiev que combinó cientos de drones con decenas de misiles, entre ellos el misil hipersónico Oreshnik, y causó muertos y centenares de heridos mientras las defensas ucranianas derribaban la mayoría de los aparatos atacantes. El presidente Volodímir Zelenski denunció daños en viviendas, escuelas y centros culturales; el alcalde Vitalii Klitschko informó de víctimas y edificios colapsados. Moscú justificó la acción como represalia por un ataque contra una residencia estudiantil en Lugansk, que atribuye a Kiev; Ucrania negó haber atacado objetivos civiles. La ofensiva encendió alarmas diplomáticas, incluidas advertencias del secretario general de la ONU sobre el riesgo de “escalada fuera de control”.
El uso confirmado del Oreshnik —un misil de alcance intermedio que Rusia presenta como hipersónico y con capacidad para múltiples ojivas— y la saturación con cientos de drones subrayan una táctica rusa orientada a sobrepasar las limitadas reservas ucranianas de interceptores. Ucrania pide con urgencia más sistemas de defensa antiaérea y mayor presión internacional sobre Moscú; la comunidad global, incluida la Unión Europea y la ONU, condenó el ataque pero Rusia insiste en la legitimidad militar de sus objetivos. La disputa sobre cifras, objetivos y responsabilidades complica además la posibilidad de avanzar hacia una desescalada negociada.
El bombardeo a Kiev
La madrugada del 24 de mayo Kiev fue el blanco principal de un ataque que, según la Fuerza Aérea de Ucrania, combinó entre 600 y 690 aparatos ofensivos —drones y misiles— y duró varias horas, con impactos en distritos residenciales, estaciones de metro y edificios públicos. Volodímir Zelenski informó de varios muertos y «cerca de 100» heridos en todo el país, y mostró en redes daños en el Museo de Chernóbil y el Museo de Arte Nacional; el alcalde Vitalii Klitschko detalló edificios colapsados y víctimas atrapadas. Testigos describieron explosiones continuas, incendios y operaciones de rescate mientras los servicios de emergencia trabajaban en múltiples frentes.
El arsenal empleado
Moscú confirmó el uso de una mix de sistemas: misiles balísticos y de crucero, vehículos hipersónicos y centenares de drones; entre ellos figuró el Oreshnik, empleado por tercera vez en la guerra y señalado por las autoridades rusas como capaz de llevar ojivas convencionales o nucleares. Voces rusas del Ministerio de Defensa dijeron que los blancos eran instalaciones de mando, bases aéreas y empresas militares; Ucrania documentó daños civiles y sostuvo que no todos los misiles fueron interceptados. Yuri Ignat, portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana, y otras fuentes militares ofrecieron cifras sobre derribos que varían según los partes.
Reclamos y represalias
El Kremlin presentó el bombardeo como represalia por un ataque ucraniano contra una residencia estudiantil en Starobilsk (Lugansk), que las autoridades prorrusas atribuyeron a Kiev y que Moscú dijo dejó decenas de víctimas; el subjefe del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, y el propio Vladímir Putin defendieron medidas contra «terrorismo» ucraniano. Kiev negó haber atacado objetivos civiles y sostuvo que sus operaciones golpearon instalaciones militares rusas y unidades de drones en la retaguardia. Esa narrativa contrapuesta alimentó la escalada retórica y legitima, para Moscú, el uso de armas avanzadas.
Defensas y limitaciones
Ucrania informó de derribos masivos —cientos de drones y decenas de misiles— pero admitió que algunos misiles balísticos y el hipersónico Oreshnik penetraron las defensas, dejando destrucción y víctimas; Volodímir Zelenski insistió en la necesidad urgente de más interceptores. Las autoridades y analistas señalan la dependencia de Kiev de misiles interceptores occidentales, como los Patriot, cuya producción y entrega son insuficientes para sostener una defensa prolongada. El Ministerio de Defensa ucraniano y comandantes locales, como Tymur Tkachenko en la capital, pidieron acelerar suministros y fortalecimiento industrial de capacidades antimisiles nacionales.
Reacción internacional
La comunidad internacional condenó el bombardeo: la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, y líderes europeos expresaron solidaridad y propusieron aumentar la presión sobre Moscú, mientras el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió en una sesión del Consejo de Seguridad que el conflicto puede salirse de control. Estados Unidos y aliados exigieron el cese de ataques contra la población civil; la delegación rusa ante la ONU, por su parte, reclamó investigar el ataque de Starobilsk y sostuvo que sus ofensivas se dirigen a blancos militares. Ese choque diplomático complica la coordinación de sanciones y el envío de nuevas capacidades defensivas.
El Oreshnik se había empleado previamente en noviembre de 2024 y en enero de 2026 contra ciudades ucranianas, lo que convierte su uso repetido en un patrón de escalada técnica. En las semanas previas se multiplicaron los ataques con drones —hasta oleadas de cientos o más de mil aparatos en distintos episodios— y Kiev endureció las operaciones contra objetivos en la retaguardia rusa, incluidos ataques registrados en las regiones de Belgorod y Yaroslavl. Las tensiones diplomáticas se evidencian en la secuencia: el 22 de mayo Moscú atribuyó a Kiev un ataque mortal en Starobilsk, y días después se produjeron los bombardeos masivos sobre Kiev que motivaron llamados de la ONU a la desescalada.
Hay discrepancias sobre cifras y responsabilidades: Moscú ha dado diferentes conteos de víctimas por el ataque a la residencia de Starobilsk (informes que oscilaron entre seis y más de veinte muertos) y presenta los bombardeos como represalia; Kiev niega haber atacado objetivos civiles. También varían las cuentas del número exacto de drones y misiles empleados en distintos partes oficiales (entre 524 y 690 aparatos según el parte), y las cifras de derribos quedan sujetas a confirmación independiente.
A corto plazo, la agenda tiene fechas concretas y decisiones a vigilar: los ministros de Exteriores de la UE deberán reunirse «la semana que viene» para evaluar cómo aumentar la presión internacional sobre Rusia, según Kaja Kallas; la ONU y el Consejo de Seguridad seguirán recibiendo informes y llamados a desescalar tras la comparecencia de António Guterres. En lo militar, Kiev presiona por entregas adicionales de interceptores y por acelerar la producción occidental de misiles antiaéreos; serán determinantes las decisiones sobre nuevos paquetes de apoyo y la velocidad de su despliegue antes del previsto aumento de ataques en verano.