El debut en Roma marca un giro estratégico; la reacción del mercado y la estética desatan dudas inmediatas.
Ferrari presentó en Roma el Luce, su primer automóvil completamente eléctrico, un cuatro puertas y cinco asientos con más de 1.000 caballos y 0‑100 km/h en 2,5 segundos. El modelo, con autonomía estimada superior a 530 km y batería de alta capacidad, se mostró en la Vela di Calatrava ante autoridades y periodistas; la compañía abrió pedidos y anunció entregas para el cuarto trimestre de 2026. El precio en Europa fue comunicado alrededor de €550.000 (unos US$640.000), ubicando al Luce por encima del Purosangue en la gama. Tras la presentación, las acciones de Ferrari se desplomaron en la Bolsa de Milán y los comentarios en internet y la prensa especializada fueron mayoritariamente críticos.
El Luce representa el primer gran test de Ferrari en la transición hacia la electrificación completa, en un momento en que rivales de lujo han moderado sus planes eléctricos por dudas sobre la demanda. La apuesta combina una arquitectura nueva —batería bajo piso y cuatro motores— con un diseño que rompe con la estética clásica de la marca, lo que ha encendido críticas y movimientos bruscos en Bolsa. Para inversores y coleccionistas la pregunta no es solo técnica, sino comercial: si habrá suficientes clientes dispuestos a pagar las cifras exigidas por un Ferrari sin motor V12. La respuesta temprana del mercado debería materializarse en pedidos, entregas y próximos reportes financieros.
Ferrari presentó el Luce como una ruptura estética diseñada en colaboración con Jony Ive y Marc Newson, con una carrocería que prioriza superficies acristaladas y una línea más alta que los deportivos tradicionales. La compañía definió el resultado como una “casa de cristal”, un concepto que enfatiza visibilidad y minimalismo en lugar de los volúmenes musculosos históricos de la marca. El diseño permitió cinco plazas y un maletero de 600 litros, una configuración inédita para Ferrari que apunta a clientes familiares de alto poder adquisitivo. La exhibición en la Vela di Calatrava incluyó varias unidades pintadas desde el rojo tradicional hasta tonos claros, subrayando el cambio estético.
“casa de cristal”— Ferrari
En lo técnico, el Luce monta cuatro motores eléctricos —uno por rueda—, entrega más de 1.000 caballos y declara 0 a 100 km/h en 2,5 segundos, con velocidad punta superior a 310 km/h. Ferrari informó una batería de alta capacidad con carga rápida que permitiría recuperar grandes porciones de energía en minutos y una autonomía estimada por encima de 530 km. El CEO Benedetto Vigna defendió el proyecto como un intento de partir desde la identidad de la marca al aplicar la electrificación, señalando que la decisión fue deliberada y orientada a anticipar el futuro. La firma también detalló inversiones y pruebas para reproducir un carácter acústico eléctrico en lugar de imitar un motor térmico.
“Teníamos que partir de Ferrari, no de la tecnología eléctrica”— Benedetto Vigna
La reacción del mercado fue inmediata: las acciones de Ferrari tocaron fuertes bajas en Milán y las redes sociales y foros especializados criticaron el lenguaje de diseño del Luce. Críticos automotrices y comentaristas en internet afirmaron que el coche “no grita Ferrari” por la ausencia de los volúmenes clásicos y la nueva silueta más alta, una observación que multiplicó reseñas negativas durante las primeras horas. Matt Prior, editor-at-large de Autocar, resumió el sentimiento: “The internet has made up its mind, hasn’t it… And it’s not universally loved from the outside”, señalando reservas sobre cómo el diseño se ajusta al legado de la marca.
“The internet has made up its mind, hasn’t it, if you’ve seen any of the comments on it. And it’s not universally loved from the outside.”— Matt Prior
Frente a las críticas, algunos analistas mantienen una visión más optimista sobre la capacidad comercial del Luce y el posicionamiento de Ferrari en el mercado del lujo. Los analistas de Bernstein, liderados por Stephen Reitman, escribieron que Ferrari no se ha embarcado en esta transición “a ciegas” y que proyectan suficientes clientes y coleccionistas para integrar al Luce en la gama. Esa confianza contrasta con la cautela de otros fabricantes de lujo que han ralentizado electrificación ante la incertidumbre de demanda. La evaluación de los analistas será clave para los próximos movimientos de inversionistas y para la cotización en los meses venideros.
“Ferrari no se ha embarcado en esto a ciegas”— Stephen Reitman
El lanzamiento ocurre en un mercado global de vehículos eléctricos de lujo que muestra señales contradictorias: mientras las ventas eléctricas aumentan en regiones como Europa, la competencia y cambios regulatorios complican la ecuación comercial. Emprendedores del sector como Mate Rimac han advertido sobre el tamaño potencial del mercado de hipercarros eléctricos y su valor de nicho, lo que obliga a los fabricantes a calibrar producción y exclusividad. Ferrari ha limitado previamente algunos modelos para preservar su valor y ahora debe equilibrar esa política con la necesidad de explorar nuevos segmentos. La recepción entre coleccionistas y clientes de primera generación decidirá si el Luce se convierte en un éxito de culto o en un experimento costoso.
Las cifras difundidas sobre la reacción del mercado y el precio del Luce varían entre los reportes: algunos medios y bolsas registraron caídas de alrededor del 6,3% hasta casi el 8% en Milán, mientras la Associated Press consignó una baja de 8,4% en la plaza italiana y 5,3% en la versión estadounidense. En cuanto al precio, varias notas sitúan la tarifa en €550.000 (unos US$640.000), mientras otras fuentes mencionaron estimaciones en dólares por cerca de US$647.000; la compañía no publicó un precio definitivo en todos los mercados.
El próximo hito será la apertura de entregas, prevista para el cuarto trimestre de 2026, y los volúmenes de pedidos en los meses siguientes, que ofrecerán la primera señal comercial concreta del Luce. También habrá que observar los informes trimestrales y la evolución de la cotización de Ferrari, que medirán si la marca convierte la polémica estética en demanda real.