Violencia en Líbano desafía la tregua y deja miles de muertos
Ataques israelíes continúan pese al alto el fuego: trabajadores sanitarios muertos y negociaciones diplomáticas en marcha.
- 01Ataques contra sanitarios
- 02Balance humano creciente
- 03Israel y objetivos militares
- 04Rondas diplomáticas en Washington
- 05Desplazamiento y patrimonio
- ◆Contexto
- ◆Qué se disputa
- ◆Qué viene
A pesar del alto el fuego medido por Washington, los ataques israelíes contra el sur del Líbano siguieron esta semana y dejaron decenas de muertos, entre ellos varios paramédicos. El Ministerio de Salud libanés eleva el balance a más de 3.100 fallecidos y miles de heridos desde el 2 de marzo, mientras Israel mantiene que ataca infraestructura de Hizbulá. Las ofensivas han destruido viviendas, alcanzado ambulancias y obligado a más de un millón de personas a desplazarse internamente. Al mismo tiempo, las delegaciones militar y política de Líbano e Israel retomaron reuniones en Washington y el Pentágono con la promesa de negociar, aunque los combates persistieron.
La continuidad de los bombardeos pese a la tregua formal convierte a Líbano en un tablero contradictorio: el Gobierno y organismos humanitarios alertan sobre el impacto sobre civiles y servicios médicos, mientras Israel insiste en que persigue objetivos de Hizbulá. Esa tensión condiciona las negociaciones que buscan consolidar la tregua y definir la retirada de tropas y eventual desarme del movimiento chií. El resultado de las próximas rondas determinará si los acuerdos diplomáticos reducen la violencia o si la escalada militar prevalece.
Ataques contra sanitarios
En los últimos días al menos seis paramédicos murieron en dos ataques en el sur del Líbano, uno de ellos que alcanzó de forma directa un centro de ambulancias en Hanawiya, según el Centro de Operaciones de Emergencia del país. El ministro de Salud Pública, Rakan Nasreddine, denunció la «violación» del derecho humanitario y responsabilizó a las fuerzas que efectuaron los bombardeos por la pérdida de trabajadores sanitarios. Organizaciones internacionales, incluida Unicef, alertaron del impacto sobre niños y de la pérdida acumulada de profesionales de la salud, cuya reducción limita la respuesta en una crisis masiva de víctimas y desplazados.
Balance humano creciente
El Centro de Operaciones de Emergencia Sanitaria, dependiente del Ministerio de Salud libanés, actualiza diariamente cifras que ya superan los 3.100 muertos y más de 9.400 heridos desde el 2 de marzo. Esos balances incluyen a más de un centenar de trabajadores sanitarios y varios cientos de niños entre las víctimas, datos que las autoridades usan para exigir investigaciones y responsabilizar a las fuerzas atacantes. La acumulación de cadáveres, heridos y desplazados intensifica la crisis humanitaria y complica la reconstrucción de servicios básicos.
Israel y objetivos militares
El Ejército israelí afirma ejecutar ataques focalizados contra infraestructura y miembros de Hizbulá en el sur y el valle de la Bekaa y ha informado de la eliminación de más de 220 milicianos en una semana de operaciones. El primer ministro Benjamin Netanyahu anunció además una escalada y la toma de «zonas estratégicas» para reforzar una franja de seguridad en el norte de Israel, coordinando la operación con el ministro de Defensa Israel Katz y el jefe del Estado Mayor Eyal Zamir. Las autoridades israelíes sostienen que sus ofensivas buscan neutralizar amenazas como drones explosivos empleados por Hizbulá.
Rondas diplomáticas en Washington
Beirut y Jerusalén retomaron contactos auspiciados por Estados Unidos: las delegaciones civiles prolongaron un alto el fuego por 45 días y programaron nuevas rondas políticas y militares. El Departamento de Estado, representado por su portavoz Tommy Pigott, calificó los encuentros como «productivos», mientras que el embajador israelí en Washington, Michael Leiter, habló de avances en seguridad y política. No obstante, Hizbulá se mantiene al margen y critica las negociaciones, lo que limita el alcance de cualquier acuerdo sin garantías sobre el control de armas en el territorio libanés.
Desplazamiento y patrimonio
La ofensiva ha forzado el éxodo de más de un millón de personas y afectado ciudades históricas del sur como Tiro, cuya evacuación parcial ordenaron las fuerzas israelíes antes de intensificar los ataques. El Alto Comisionado para los Refugiados advirtió sobre la magnitud del desplazamiento interno y equipos de rescate reportaron daños a hospitales —como el de Tebnine— y a viviendas de civiles que buscaban refugio. El primer ministro libanés Nawaf Salam calificó los bombardeos de «ataques masivos» y pidió la reanudación urgente de las conversaciones para lograr una retirada israelí y frenar la destrucción social.
El actual ciclo de violencia comenzó el 2 de marzo, cuando Hizbulá lanzó proyectiles en respuesta a operaciones contra Irán; un cese de hostilidades entró en vigor el 17 de abril pero fue violado repetidamente por ambos bandos. Washington ha mediado varios intercambios directos entre Beirut y Jerusalén, mientras la Administración impone sanciones a legisladores y oficiales acusados de proteger la influencia de Hizbulá en las instituciones libanesas —entre ellos Mohammed Fneish y Hassan Fadlallah—, lo que complica la posibilidad de un acuerdo que incluya el desarme de la milicia. Organismos internacionales, como Unicef y ACNUR, han alertado del aumento de víctimas infantiles y del desplazamiento masivo.
Las partes discrepan sobre la naturaleza de los objetivos: el Ejército israelí afirma atacar infraestructura y combatientes de Hizbulá, mientras el Gobierno libanés, la OMS y Unicef denuncian que bombardeos han alcanzado ambulancias, hospitales y civiles, incluidos paramédicos y niños. Además, las cifras de fallecidos varían según las actualizaciones diarias del Ministerio de Salud y recuentos independientes.
En las próximas semanas hay dos hitos concretos: una reunión militar en el Pentágono programada para el 29 de mayo y una nueva ronda política entre las delegaciones de Líbano e Israel prevista el 2 y 3 de junio en Washington. Esos encuentros deberán abordar el control de fuego, la retirada de tropas del sur y mecanismos de verificación; paralelamente, la comunidad humanitaria seguirá publicando informes sobre ataques a sanidad y desplazamiento que podrían condicionar la asistencia internacional.