El presidente fija días para un acuerdo; diplomacia paquistaní intenta salvar la tregua y el estrecho de Ormuz sigue bloqueado.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio a Irán un ultimátum de “dos o tres días” para cerrar un acuerdo nuclear y advirtió con reanudar los ataques si no hay avances. Las declaraciones se produjeron durante esta semana desde la Casa Blanca, donde el mandatario dijo que llegó a estar “a una hora” de ordenar ofensivas que habrían roto el alto el fuego vigente desde abril. Trump afirmó además que pospuso un ataque a petición de socios del Golfo, mientras repite que no permitirá que Irán obtenga un arma nuclear. El plazo apremia una negociación mediada por Pakistán que muestra avances lentos y contrapropuestas de Teherán.
La urgencia de Trump cristaliza la tensión entre mantener la tregua y la amenaza de volver a la guerra, con riesgos económicos por el bloqueo del estrecho de Ormuz. Islamabad actúa como mediador clave y Teherán ha presentado contrapropuestas que Washington califica de insuficientes. Si fracasan las negociaciones, Estados Unidos dice tener preparado un "ataque a gran escala", lo que podría reconfigurar alianzas en la región y afectar los mercados energéticos. La disputa sobre plazos y responsabilidades complica una salida diplomática que sigue siendo frágil.
Trump fijó el calendario públicamente y presionó a Teherán con un plazo que puede expirar a fines de semana o a principios de la próxima semana, poniendo la mesa para una posible ruptura rápida del alto el fuego. El presidente justificó la urgencia por el riesgo de que Irán obtenga un arma nuclear y describió consecuencias severas para países de la región si eso ocurriera. El mandatario afirmó que había suspendido ataques tras peticiones de socios del Golfo y adelantó que las Fuerzas Armadas permanecen en alerta. Sus reiteradas advertencias buscan acelerar una negociación que, según él, ha sufrido retrocesos.
“Digo dos o tres días. Tal vez el viernes, sábado, domingo. Algo quizás a principios de la próxima semana. Un período de tiempo limitado.”— Donald Trump
La administración estadounidense mantiene también una postura militar activa y evasiva sobre los pasos concretos a seguir si fracasan las negociaciones. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, evitó detalles en el Congreso pero dijo que existen planes para "intensificar" y reasignar recursos si fuese necesario. Esa ambigüedad busca preservar la disuasión sin revelar operaciones, mientras el Pentágono permanece en estado de preparación. El entorno procedural aumenta la presión sobre la vía diplomática.
“Tenemos un plan para intensificar las medidas si fuera necesario. Tenemos un plan para revertir la situación si fuera necesario. Tenemos un plan para reasignar recursos”— Pete Hegseth
Desde Teherán, el canciller Abbas Araqchi aseguró que el diálogo no se ha roto pero admitió que los avances son lentos y condicionados a lo que considera términos equilibrados. Irán presentó una contrapropuesta a través de mediadores paquistaníes cuyo contenido no se ha divulgado públicamente, y Araqchi subrayó que no aceptarán acuerdos injustos. Esa postura explica la resistencia a concesiones rápidas, pese a la presión internacional para reabrir las rutas marítimas. El gobierno iraní busca salvaguardar su posición estratégica en las negociaciones.
“No podemos aceptar nada que no sea un acuerdo justo y equilibrado. Seguimos intercambiando mensajes, pero lentamente”— Abbas Araqchi
Al mismo tiempo, el portavoz militar iraní Mohamad Akraminia advirtió que Teherán podría "abrir nuevos frentes" si Estados Unidos o Israel reanudan agresiones, elevando el riesgo de una escalada regional. La retórica militar complica la confianza necesaria para cerrar un pacto técnico sobre el enriquecimiento de uranio y la remoción de materiales sensibles. Esas declaraciones sirven tanto para disuadir ataques como para consolidar apoyos domésticos dentro de Irán. La combinación de presión externa y mensajes beligerantes mantiene la tregua en una posición delicada.
“Si el enemigo comete una nueva estupidez y cae de nuevo en la trampa sionista y lanza otra agresión contra el querido Irán, abriremos nuevos frentes contra él”— Mohamad Akraminia
Pakistán ha emergido como mediador central: su ministro del Interior, Mohsin Naqvi, viajó a Teherán en una misión no anunciada oficialmente para facilitar el intercambio entre las partes. Islamabad busca recomponer confianza y acelerar un acuerdo que evite la reanudación de hostilidades y la apertura de rutas de conflicto en el Golfo. La intermediación paquistaní es observada con atención por Arabia Saudí, Emiratos y Qatar, que han pedido resultados diplomáticos. La dinámica de mediación marcará la próxima fase del proceso.
El bloqueo del estrecho de Ormuz y los episodios de intercambio de fuego han tensionado ya los mercados energéticos y la logística global, lo que agrega un componente económico inmediato a la crisis política. Empresas y bolsas reaccionan a la posibilidad de nuevas sanciones y a la incertidumbre sobre el suministro petrolero, mientras aliados del Golfo presionan para una salida rápida. La combinación de riesgo militar y vulnerabilidad económica refuerza el imperativo de cerrar un acuerdo estable.
Las partes discrepan sobre por qué se pospuso un ataque: la Casa Blanca dice que lo pidió Arabia Saudí y Catar para dar espacio a la diplomacia, mientras Teherán sostiene que sigue negociando y presentó una contrapropuesta. Además, Washington acusa a Irán de retractarse repetidamente tras acuerdos, una versión que Irán niega al reclamar condiciones más equitativas. Esa divergencia sobre responsabilidades y hechos dificulta calibrar la credibilidad de los plazos anunciados.
El próximo hito es el plazo que Trump fijó para fines de semana o inicio de semana próxima; si expira sin acuerdo, Estados Unidos ha advertido que activará medidas militares. Islamabad seguirá coordinando rondas de mediación y Trump tiene prevista una conversación con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, que podría influir en la decisión estadounidense. La acción diplomática de Pakistán y la fecha límite de la Casa Blanca definirán si la tregua sobrevive.