La victoria de Dara ocurre en una edición fracturada por boicots, protestas y cuestionamientos al sistema de voto.
La cantante búlgara Dara se coronó ganadora del Festival de Eurovisión 2026 con Bangaranga en la final celebrada en el Wiener Stadthalle de Viena, obteniendo 516 puntos y el primer triunfo histórico para Bulgaria en el certamen. La final reunió a 25 países y consagró a Israel en segundo lugar, impulsado por un fuerte televoto. La edición fue notable por la ausencia de cinco delegaciones que declinaron participar y por movilizaciones en las calles de la capital austríaca. El triunfo de Dara devuelve a Bulgaria, ausente tres años por problemas económicos, al centro del escenario europeo.
La victoria adquiere mayor relevancia porque la 70ª edición estuvo dividida por un boicot de España, Países Bajos, Irlanda, Eslovenia e Islandia a raíz de la presencia de la emisora israelí y por críticas al sistema de televoto. La Unión Europea de Radiodifusión (UER) mantuvo la participación de Israel y aplicó cambios en el límite de votos por televidente, pero no logró apaciguar las tensiones. El resultado —con Israel segundo gracias al voto popular— evita por ahora la disyuntiva de dónde se celebrará Eurovisión 2027 si Tel Aviv hubiera ganado. Las decisiones de la UER y las reacciones políticas y sociales dejan abierto el futuro inmediato del festival.
La actuación de Dara —de 27 años— mezcló pop contemporáneo con elementos del folclore búlgaro y convenció tanto a los jurados profesionales como al público, que consolidaron su liderato en el marcador. Su triunfo con 516 puntos marca la primera victoria de Bulgaria en los 70 años del concurso, tras su regreso luego de tres años de ausencia. En la rueda de prensa posterior, Dara calificó la experiencia como un sueño y explicó el sentido de su canción.
“«estoy agradecida»”— Dara
Israel escaló desde el octavo lugar entregado por los jurados hasta la segunda plaza gracias a un fuerte respaldo del televoto, una dinámica similar a la observada en la edición anterior. El representante Noam Bettan interpretó Michelle en varios idiomas y dijo haber venido sin expectativas, disfrutando la experiencia desde el primer al último momento. Su resultado reaviva el debate sobre el peso del voto popular frente a las puntuaciones profesionales.
“«Vine sin ninguna expectativa, para vivir cada día, sin pensar en lo que traería el mañana ni en los resultados, y simplemente disfrutamos del momento.»”— Noam Bettan
Cinco televisiones públicas —entre ellas la española— optaron por no enviar delegación en protesta por los ataques de Israel en Gaza, citando motivos humanitarios y políticos. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, defendió la ausencia de RTVE como "coherente y necesaria" y pidió aplicar los mismos criterios que se usaron con Rusia en 2022. La decisión de esos países amplificó la disputa sobre si Eurovisión puede seguir siendo un espacio apolítico.
“«coherente y necesaria»”— Pedro Sánchez
En Viena se registraron manifestaciones y un concierto paralelo con el lema "no stage for genocide", que buscó visibilizar el rechazo a la participación israelí en el festival. Los organizadores de ese acto señalaron que invitar a Israel al escenario era una afrenta a quienes defienden la humanidad y la unión, y la movilización atrajo a miles en distintas convocatorias aunque no alcanzó las cifras previstas por los promotores. Las protestas, pese a ello, marcaron la atmósfera previa a la final.
““invitar a Israel a un escenario tan hermoso como el del Festival de la Canción de Eurovisión es una afrenta para todas las personas que creen en la humanidad, que creen en el amor y en la unión””— Patrick Bongola
La Unión Europea de Radiodifusión defendió la participación de todos los socios y subrayó que la política no debe decidir la presencia de una emisora en el certamen, al tiempo que introdujo límites al número de votos por televidente. Sin embargo, persisten las críticas tras investigaciones que cuestionaron la influencia de campañas coordinadas y sistemas de voto previos, por lo que la UER enfrenta ahora la tarea de ajustar reglas y restaurar confianza. El organismo tendrá que explicar qué cambios concretos aplicará antes de la próxima edición.
Está en disputa si la participación de Israel debe haberse limitado por criterios políticos y humanitarios o si la UER actuó correctamente al mantener la emisora y aplicar ajustes administrativos al voto. También hay versiones enfrentadas sobre la integridad del televoto: investigaciones periodísticas apuntaron a campañas que habrían distorsionado resultados previos, mientras la UER sostiene que los cambios implementados mitigaron esas vulnerabilidades.
El próximo hito será la decisión formal de la UER sobre la sede y los preparativos de Eurovisión 2027, que ahora corresponderán a Bulgaria como país ganador. Al mismo tiempo, la UER deberá concretar y comunicar cambios en el sistema de votación y abordar las reclamaciones políticas que motivaron boicots, antes de que se confirme la lista de participantes para la próxima edición.