Investigación en más de 112.000 personas vincula varios conservantes con hipertensión y mayor riesgo de infarto y ACV.
Un estudio de la cohorte NutriNet‑Santé en Francia halló que la exposición habitual a conservantes presentes en alimentos industriales se asocia con un 29% más de riesgo de presión arterial elevada y un 16% mayor riesgo de infarto y accidente cerebrovascular durante la década siguiente. La investigación, publicada en European Heart Journal y basada en más de 112.000 participantes, analizó 58 conservantes y profundizó en 17 consumidos por al menos el 10% de la muestra; ocho se relacionaron con mayor presión arterial. Entre los conservantes no antioxidantes identificados están el sorbato de potasio, el metabisulfito de potasio y el nitrito de sodio, y entre los antioxidantes “naturales” vinculados aparecen el ácido ascórbico, ascorbato de sodio, eritorbato de sodio, ácido cítrico y extractos de romero. Mathilde Touvier, investigadora principal y directora de investigación en el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia, y la primera autora Anaïs Hasenböhler firman el trabajo y subrayan la distinción entre compuestos “añadidos” y las mismas sustancias presentes de forma natural en frutas y verduras.
El equipo utilizó registros dietarios periódicos —los participantes anotan marca y cada bocado durante tres días cada seis meses— y cruzó esos datos con la información médica del sistema de salud francés, pero los autores insisten en que el estudio es observacional y no demuestra causalidad. Investigaciones previas del mismo grupo ya habían ligado varios conservantes con mayores riesgos de cáncer y diabetes tipo 2. Expertos citados en el trabajo advierten que los conservantes cumplen un rol en la seguridad alimentaria y la reducción de desperdicio, mientras que representantes de organizaciones cardiológicas señalan que estas señales ayudan a explicar por qué los alimentos ultraprocesados dañan la salud más allá de su perfil nutricional.
Los autores piden investigación experimental para esclarecer mecanismos y plantean que, de confirmarse causalidad, los resultados exigirían una reevaluación de las regulaciones sobre aditivos. A corto plazo, los investigadores recomiendan priorizar alimentos no o mínimamente procesados y opciones congeladas sin aditivos; los próximos hitos a observar son estudios experimentales que prueben efectos directos y eventuales decisiones de agencias regulatorias sobre límites o etiquetado de conservantes.