La sorpresiva primera vuelta de Abelardo de la Espriella abre un posible giro posuribista y define un balotaje clave el 21 de junio.
Abelardo de la Espriella, abogado y líder del movimiento ultraderechista Defensores de la Patria, fue el candidato más votado en la primera vuelta presidencial de Colombia con 43,74% del preconteo (más de 10,3 millones de votos), por delante del senador Iván Cepeda, que alcanzó 40,9%. La candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, quedó fuera del balotaje al no superar el 10% de las preferencias. El resultado, registrado el 31 de mayo, forzó un segundo turno para el 21 de junio y conmociona los cálculos de la derecha tradicional.
La irrupción de De la Espriella cambia el mapa de la derecha colombiana: recoge buena parte del voto uribista sin pasar por la estructura del Centro Democrático y capitaliza el descontento antisistema con mensajes digitales y estilo espectáculo. Su liderazgo redefine temas clave —seguridad, lucha antidroga y relaciones con EE. UU.— y obliga a una reconfiguración interna que el expresidente Álvaro Uribe no logró evitar en la primera vuelta. El balotaje decidirá si ese fenómeno es coyuntural o el inicio de un realineamiento duradero.
Abelardo de la Espriella construyó su candidatura desde la figura del outsider millonario: abogado penalista de clientes polémicos, empresario y promotor de su propia marca. Rechazó el amparo de los partidos tradicionales y procuró financiar la campaña con recursos propios, mientras presentó un discurso de éxito empresarial trasladado al manejo del Estado. Su imagen pública combina símbolos religiosos, espectáculo digital y apelaciones patrióticas que conectaron con amplios sectores conservadores y jóvenes desencantados.
La seguridad y la guerra contra las drogas fueron ejes agresivos de su oferta: prometió una respuesta militarizada contra grupos armados y el narcotráfico, medidas de fumigación y mano dura en las cárceles. En entrevista con la prensa, el candidato unificó esa retórica con imágenes belicistas: “Al narcoterrorismo, a quienes he sentenciado y los he declarado objetivo militar, los voy a acabar como unas cucarachas, como unas ratas. Voy a hacer caer sobre ellos la ira de Dios como nunca antes se ha visto”. Sus referencias a líderes como Bukele, Milei y Trump subrayan una estrategia pública de emulación regional.
““Al narcoterrorismo, a quienes he sentenciado y los he declarado objetivo militar, los voy a acabar como unas cucarachas, como unas ratas. Voy a hacer caer sobre ellos la ira de Dios como nunca antes se ha visto””— Abelardo de la Espriella
La victoria de De la Espriella representa un desafío directo al liderazgo histórico de Álvaro Uribe: la base uribista migró hacia el candidato antisistema mientras la lista oficialista del expresidente quedó desdibujada. Pese a ello, Uribe anunció su apoyo para el balotaje y convocó a votar por el ganador de la primera vuelta, subrayando la necesidad de preservar lo que considera los valores conservadores del país.
““Cumplimos la palabra, votaremos por él y pedimos que se vote por él y por Colombia, por la defensa de la Constitución, de las libertades, de la creatividad individual, de la cohesión social, de la economía fraterna, del Estado pequeño y austero””— Álvaro Uribe
Analistas ven en De la Espriella la cristalización de un 'posuribismo': una derecha que asume el legado de Uribe pero lo disputa en forma y liderazgo, especialmente a través de redes sociales, IA y formatos virales. El profesor Luis Trejos señaló que se trata de “la derecha sin Uribe, pero sin desconocer el legado de Uribe”, y advirtió que el fenómeno obliga a reconfigurar alianzas internas. Al mismo tiempo, la campaña carga con polémicas por los clientes que defendió el abogado y por declaraciones previas que han sido criticadas por machistas y homofóbicas.
““Abelardo de la Espriella es el ‘posuribismo’””— Luis Trejos
El resultado obligará al senador Iván Cepeda, del Pacto Histórico, a disputar el balotaje del 21 de junio frente al candidato de la extrema derecha que capitalizó el voto antisistema. La diferencia en el preconteo fue estrecha y la campaña de segunda vuelta girará en torno a temas de seguridad, economía y la capacidad de movilización de bases: una elección que decidirá si la nueva derecha logra institucionalizarse fuera del paraguas uribista.
El próximo hito es el balotaje del 21 de junio: habrá que observar si De la Espriella consolida su base mas digital y antisistema, cómo moviliza Uribe a sus seguidores y de qué modo Cepeda articula una coalición capaz de frenar la nueva derecha. Igualmente, los giros en la agenda de seguridad y las investigaciones sobre el origen de fondos de campaña serán vectores clave en las próximas tres semanas.