El agotamiento del crudo donado por Rusia y las restricciones a importaciones de combustible elevan los cortes (hasta el 70 % del país), mientras EE. UU. ofrece US$100 millones y La Habana condiciona cualquier asistencia al fin del bloqueo y a garantías de no injerencia.
01Cuba atraviesa una crisis energética aguda: las autoridades reconocen que en La Habana los cortes de electricidad superan las 20–22 horas diarias y la Unión Eléctrica prevé que en jornadas picos hasta el 70 % del país podría quedarse sin suministro simultáneamente, con apagones que afectan desde la capital hasta las provincias orientales.
02El Gobierno cubano atribuye la agudización de la crisis al «bloqueo energético» impuesto por Estados Unidos desde enero, que según La Habana impidió la llegada de combustibles durante meses; además, las autoridades reconocen que la mejora temporal causada por una donación rusa de 100.000 toneladas de crudo se agotó a comienzos de mayo, dejando al Sistema Electroenergético Nacional (SEN) «sin reservas de combustible».
03A los problemas de suministro se suman deficiencias estructurales: varias unidades termoeléctricas están fuera de servicio por averías o mantenimiento (EFE reporta que nueve de 16 unidades no operaban), y los motores de generación que requieren diésel y fueloil llevan parados desde enero; el mix energético señala que las termoeléctricas aportan cerca del 40 %, los motores otro 40 % (paralizados) y el 20 % restante proviene de gas y renovables.
04Las cifras operativas muestran el colapso del sistema en horas punta: la UNE calcula una capacidad de generación de apenas 976 MW frente a una demanda máxima de 3.150 MW, con un déficit de alrededor de 2.174 MW y una afectación estimada de 2.204 MW que obliga a desconexiones programadas masivas para evitar apagones desordenados.
05El agravamiento de los cortes ha provocado descontento social: en la capital se registraron protestas nocturnas y cacerolazos en municipios como San Miguel del Padrón, Diez de Octubre y Plaza de la Revolución, mientras ciudadanos reportan dificultades cotidianas como no poder cargar teléfonos o utilizar medios de transporte eléctricos.
06Como respuesta a la emergencia, el Departamento de Estado de Estados Unidos reiteró una oferta de asistencia humanitaria por US$100 millones para «el pueblo cubano», propuesta que plantea distribuirse en coordinación con la Iglesia católica y organizaciones humanitarias independientes; Washington condiciona la entrega a reformas y acusa al régimen de interponerse al acceso a la ayuda.
07La respuesta oficial cubana ha sido ambivalente: el canciller Bruno Rodríguez dijo que La Habana está «dispuesta a escuchar» las características y la materialización de la oferta, pero exigió que la asistencia sea «libre de maniobras políticas» y reiteró que la mejor ayuda sería el desescalamiento y el levantamiento del bloqueo energético; el presidente Miguel Díaz‑Canel, por su parte, ha rechazado conversaciones políticas con EE. UU. y acusa a Washington de aplicar una «guerra económica» destinada a asfixiar al país.
08En la escena diplomática y mediática, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ido más allá de la oferta humanitaria: afirmó que «Cuba está pidiendo ayuda» y adelantó que «van a hablar», mientras que en mensajes anteriores amenazó con cortar totalmente el acceso de la isla al petróleo venezolano y llegó a aludir incluso a la posibilidad de una intervención; esas declaraciones agravaron la tensión con La Habana.
09El contexto regional y geopolítico ha influido en la escasez: las sanciones e intercepciones sobre envíos desde Venezuela tras los ataques y la captura del presidente Nicolás Maduro en enero contribuyeron a cerrar fuentes de crudo que históricamente abastecían a Cuba; además, la isla ha recibido apoyos puntuales (donación rusa de crudo y paneles solares chinos), pero éstos resultaron insuficientes para estabilizar el sistema eléctrico, sobre todo de noche o en días nublados por la falta de baterías de almacenamiento.
10Perspectivas: el ministro de Energía y Minas advirtió que la situación puede empeorar con el aumento de la demanda en los meses de verano si no se normalizan los suministros de combustible y no se solucionan fallas en las plantas; el balance inmediato indica riesgo de más cortes prolongados, mayor malestar social y una profundización del impacto económico si no hay cambios en la disponibilidad de combustible o en la gestión del SEN.