Más de 80 niños desaparecen tras ataques en el norte y sur; EE. UU. y Nigeria mataron a un líder del Estado Islámico regional.
Una serie de ataques a escuelas en Nigeria dejó esta semana más de 80 niños desaparecidos tras asaltos en el estado nororiental de Borno y en Oyo, en el suroeste, mientras que una operación conjunta de Estados Unidos y las fuerzas nigerianas abatió al presunto dirigente del Estado Islámico Abu Bakr al‑Mainuki en la región del Lago Chad. Los incidentes ocurrieron entre el viernes y el domingo y combinan secuestros masivos —incluida la toma de una escuela en la localidad de Mussa, cerca del bosque de Sambisa— con golpes militares a fortalezas yihadistas. Comunidades y autoridades locales reportan muertos, viviendas quemadas y niños que huyeron en el pánico. En paralelo, el Ejército nigeriano y Washington dijeron haber eliminado a altos mandos de ISWAP y desatado nuevas ofensivas en Borno.
Los hechos evidencian una doble dinámica: grupos armados amplían sus objetivos arrancando niños de las aulas en regiones tradicionalmente golpeadas y en zonas del sur donde esos ataques son raros, y el Gobierno intensifica la cooperación militar con EE. UU. para golpear a dirigentes de ISWAP. Eso deja a comunidades enteras sin escuelas operativas, empuja a familias a retirar a menores y plantea dudas sobre la protección civil y la rendición de cuentas por violencia estatal y rebelde. La combinación de secuestros y contraataques puede alterar la seguridad local en las próximas semanas.
En el noreste, el senador Mohammed Ali Ndume dijo que la primaria y secundaria de Mussa, en el área de Askira‑Uba cerca del Sambisa, fue asaltada y que 42 alumnos fueron llevados por milicianos vinculados a Boko Haram o ISWAP. Testigos señalan disparos y viviendas incendiadas; algunos menores fueron apresados en sus casas, según el recuento que entregó el legislador. La zona ha sido un santuario histórico para los grupos yihadistas.
““La información de la que dispongo procede de las autoridades de la escuela y apunta a que 28 estudiantes de primaria y cuatro de secundaria -dos chicos y dos chicas- fueron secuestrados, así como diez menores que fueron apresados en sus casas, 42 en total””— Mohammed Ali Ndume
Horas aparte, atacantes irrumpieron en dos escuelas primarias en Oriire, Oyo, en un asalto poco común para el sur del país; la policía informó de la detención de tres sospechosos identificados por la comunidad. Las autoridades aún realizan conteos para precisar cuántos escolares fueron llevados o huyeron durante la confusión, y la cifra total de menores desaparecidos en todo el país sigue fluctuando.
Organizaciones de derechos humanos advirtieron del impacto social: muchas familias retiran a sus hijos de la escuela y en comunidades se reporta la práctica de casar a menores para protegerlas del riesgo de secuestro. Amnesty International dijo que las autoridades no investigan ni entregan justicia de forma sistemática, lo que agrava la impunidad y el miedo en las zonas golpeadas.
““Victims and their families continue to be denied access to justice””— Amnesty International
En paralelo, el Gobierno y la Casa Blanca informaron de una operación que acabó con Abu Bakr al‑Mainuki, a quien las autoridades nigerianas y Washington describieron como clave en ISWAP. La Casa Blanca y el Ejecutivo nigeriano dijeron que la acción contó con cooperación e inteligencia conjuntas, un signo de que la relación militar bilateral se ha activado tras la crisis diplomática del año pasado.
El Ejército nigeriano anunció además que operaciones coordinadas con fuerzas estadounidenses en Borno mataron a más de 20 militantes en la localidad de Metele y que seguirán atacando refugios insurgentes. Analistas advierten que estas bajas pueden desorganizar temporalmente a ISWAP, pero que la campaña necesitará sostenibilidad; al mismo tiempo, organizaciones han denunciado operaciones previas con víctimas civiles, por lo que la rendición de cuentas vuelve a ser un foco.
Las cifras de menores raptados difieren entre reportes: algunos recuentos hablan de 42 en Borno y 40–48 en Oyo, mientras que otras notas citan al menos 30 víctimas en el ataque a Mussa. Además, la jerarquía atribuido a al‑Mainuki —si era realmente segundo en la cadena global del ISIS— fue proclamada por autoridades y por el presidente de EE. UU., pero analistas advierten que ese rango es discutible.
El próximo hito será el resultado del conteo oficial para precisar cuántos menores quedaron realmente raptados y el avance de las operaciones de rescate. Paralelamente, está pendiente la verificación independiente de la muerte de al‑Mainuki y si las ofensivas conjuntas mantendrán el ritmo sin aumentar daños civiles; las familias esperan respuestas y los operativos definirán la seguridad local en las semanas siguientes.