El ataque, cerca de la frontera con Ucrania, encendió condenas en Europa y llamados a reforzar el flanco oriental de la OTAN.
Un aparato aéreo no tripulado ruso impactó la madrugada del viernes contra un edificio de viviendas en Galați, en el este de Rumanía y próximo a la frontera con Ucrania y Moldavia, provocando un incendio y dejando a dos personas heridas, según los reportes oficiales y testimonios locales; el incidente se produjo mientras la guerra en Ucrania sigue generando incidentes transfronterizos en la región.
Gobiernos e instituciones europeas condenaron el ataque: el presidente de Letonia, Edgars Rinkēvičs, expresó solidaridad con Rumanía; la primera ministra de Lituania, Inga Ruginiene, advirtió contra normalizar tales incursiones; y el ministro de Exteriores de Estonia, Margus Tsahkna, afirmó que la agresión rusa ya no se limita a Ucrania y pidió nuevas sanciones. El ministro francés Jean‑Noël Barrot calificó el episodio de “acto irresponsable”, anunció la convocatoria del embajador ruso en París y recordó que la OTAN dispone de “toda una gama de respuestas posibles”, mientras líderes como Friedrich Merz, Peter Magyar, Christian Stocker, Andrej Babis y Alexander Stubb reclamaron una mayor presencia y defensa en el flanco este.
Tras las condenas, la atención se centra en las respuestas diplomáticas y en posibles medidas coordinadas: Francia ya convocó a su embajador ruso, se multiplican los llamados a endurecer sanciones y a reforzar la presencia de la OTAN en el este, y las próximas horas deberían mostrar si las alianzas traducen esas demandas en decisiones concretas de seguridad o nuevas sanciones contra Moscú.