A siete días del balotaje, el único cara a cara busca convencer a los indecisos y definir el rumbo político y económico.
Este domingo, a siete días del balotaje del 7 de junio, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez protagonizaron el único debate presidencial en el Centro de Convenciones de Lima. El intercambio, dividido en bloques sobre seguridad, derechos humanos, salud, educación y economía, tuvo momentos de acusaciones cruzadas y propuestas contrapuestas. Las encuestas sitúan a Fujimori con una ventaja de cuatro a seis puntos y a Sánchez con un avance que obliga a ambos a pelear por el voto indeciso. La instancia llega en medio de una campaña marcada por denuncias de irregularidades y reclamos sobre la estabilidad institucional.
El debate adquiere peso porque un 15‑16% del electorado aún está indeciso y puede inclinar la balanza en una elección que definirá al presidente para 2026‑2031. Tras una década de inestabilidad que dejó a Perú ocho mandatarios, la discusión sobre seguridad, economía y el rol del Estado es central para ambos bandos. Además, Keiko Fujimori reclama supervisión internacional y recuerda episodios de 2021, mientras Sánchez apela a cambios institucionales y a combatir la corrupción. El resultado dependerá de la capacidad de cada candidatura para convencer al centro político.
El debate fue el único cara a cara oficial entre ambos y se dividió en cuatro grandes bloques: seguridad ciudadana; fortalecimiento del Estado democrático y derechos humanos; educación y salud; y economía, empleo y pobreza. Los moderadores buscaron centrar el intercambio en propuestas concretas, pero los candidatos alternaron programas con recriminaciones sobre el pasado político de cada uno. La jornada siguió a un debate técnico entre equipos, que dejó pistas sobre las prioridades económicas y sociales de cada bando.
Keiko Fujimori centró su intervención en la idea de elegir “orden” frente al “caos”, reivindicó su experiencia y llamó a la unidad para garantizar la estabilidad económica y la seguridad. En sus declaraciones previas a la campaña, llamó a transformar “el miedo y la decepción en acción y esperanza” y pidió observación internacional para la segunda vuelta. También reiteró críticas a irregularidades en procesos anteriores y advirtió que, a su juicio, están en riesgo la libertad para emprender y la estabilidad del país.
“Hoy los convoco a que transformemos el miedo y la decepción en acción y esperanza”— Keiko Fujimori
Roberto Sánchez puso el acento en la democracia, la igualdad de oportunidades y en responsabilizar al fujimorismo por leyes que, dijo, han favorecido la impunidad y la criminalidad. Propuso profesionalizar la Policía Nacional y políticas sociales para ampliar becas y asistencia, y atacó el pasado congresal de Fuerza Popular como obstáculo para la equidad. En su cierre volvió a marcar un contraste moral con su adversaria y presentó cambios institucionales como eje de su futura gestión.
“muerte civil para los funcionarios corruptos”— Roberto Sánchez
El debate técnico entre equipos mostró un giro en la oferta económica de la izquierda: Pedro Francke planteó respeto a la autonomía del Banco Central y énfasis en la inversión privada, mientras que el exministro Luis Carranza defendió el modelo de mercado y criticó la gestión del último gobierno. Otros miembros, como Rosangella Barbarán y Ernesto Zunini, polarizaron con acusaciones sobre uso de jóvenes en campañas y uso del miedo como herramienta electoral. Los técnicos buscaron atraer al centro con mensajes de estabilidad fiscal y propuestas de empleo.
Hay disputas claras: Fujimori ha denunciado irregularidades electorales —remitiendo a episodios de 2021— y pide observación internacional, mientras que Sánchez y su equipo acusan al fujimorismo de promover leyes que favorecen la criminalidad y generan inseguridad. Las partes discrepan también sobre quién es responsable de la crisis en salud y educación, y sobre la prioridad del gasto público frente a la estabilidad fiscal. Esas versiones contrapuestas orientan la pelea por los votos del centro y los indecisos.
El próximo hito es la votación del 7 de junio y el conteo que seguirá a la noche electoral; los observadores internacionales y el tratamiento de impugnaciones, si las hay, serán vigilados de cerca. Con un porcentaje significativo de indecisos, el resultado dependerá de cuánto movilicen ambos bandos a sus bases y de la capacidad para atraer al centro en los últimos días.