Bombardeos diarios y desplazamientos elevan el número de muertos; negociaciones en Washington y amenazas iraníes decidirán el rumbo.
Las fuerzas israelíes mantienen y amplían la ofensiva en el sur del Líbano desde el inicio del conflicto el 2 de marzo, con bombardeos diarios, órdenes de evacuación y operaciones terrestres que han dejado miles de víctimas civiles; el recuento oficial llegó a 3.151 muertos el 24 de mayo, ascendió a 3.324 el 29 de mayo y a inicios de junio supera los 3.400, mientras el jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, afirmó que había aprobado continuar y «intensificar el daño causado a Hizbulá».
Mientras avanza la campaña israelí, el líder de Hizbulá, Naim Qassem, pidió al Gobierno libanés abandonar las negociaciones directas con Israel y rechazó el desarme del grupo, y el Líbano e Israel han acordado extender un alto el fuego pero éste ha sido violado en varias ocasiones; al mismo tiempo desde Teherán Mohamad Baqer Qalibaf y Ebrahim Azizi advirtieron que Irán suspenderá las negociaciones y podría responder militarmente si los ataques contra Líbano no cesan, aumentando la presión sobre las conversaciones respaldadas por Estados Unidos.
El próximo hito observable son las rondas acordadas en Washington —con una sesión militar prevista en el Pentágono y una reunión política los días 2 y 3 de junio—, donde se pondrá a prueba si el alto el fuego mediado por Estados Unidos resiste las ofensivas sobre el terreno y las advertencias iraníes, y si las partes aceptan concesiones suficientes para evitar una nueva escalada regional.