Escalada y negociación en la frontera Israel-Líbano
Netanyahu ordena intensificar ataques contra Hezbolá mientras delegaciones militares negocian en Washington.
- 01Intensificación militar
- 02Negociación en Washington
- 03Sanciones y penetración política
- 04Costo humano y críticas
- ◆Contexto
- ◆Qué se disputa
- ◆Qué viene
Israel intensificó esta semana los ataques contra presuntos objetivos de Hezbolá en Líbano, mientras el primer ministro Benjamin Netanyahu prometió “aumentar los golpes”. Paralelamente, delegaciones civiles y militares de Líbano e Israel se reúnen en Washington con mediación estadounidense para prorrogar un cese al fuego y discutir retirada y desarme. El Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a legisladores y altos oficiales libaneses acusados de proteger la influencia de Hezbolá dentro del Estado. El conflicto mantiene un alto costo humanitario: hospitales, paramédicos y civiles han sido alcanzados por bombardeos pese a la tregua vigente.
La combinación de ataques aéreos, fuego de drones y sanciones estadounidenses vuelve a poner en evidencia la doble vía que sigue la administración Trump: presionar a Hezbolá y sus aliados dentro del Estado libanés mientras busca sellar un acuerdo de seguridad bilateral con Israel. El resultado determinará si el cese de hostilidades se consolida y si Líbano logra avanzar en la retirada de tropas israelíes y en la difícil cuestión del desarme del movimiento chií. En el terreno, la violencia continúa causando muertos, desplazados y daños a la infraestructura sanitaria.
Intensificación militar
El gobierno de Israel, con el primer ministro Benjamin Netanyahu a la cabeza, ordenó una oleada de ataques contra lo que definió como infraestructura de Hezbolá en el Bekaa y el sur del Líbano, y anunció aumentos en las convocatorias de tropas para la frontera. La Fuerza Aérea apuntó a decenas de sitios y el ejército dijo que continúa atacando miembros y equipos del movimiento, justificando las acciones como respuestas a ataques con drones de fibra óptica que afectan a sus fuerzas. Las autoridades israelíes sostienen que no pueden aceptar ataques continuos contra civiles y tropas y que seguirán usando la capacidad militar para degradar la amenaza.
Negociación en Washington
Delegaciones públicas de Líbano e Israel retomaron negociaciones directas en Washington para extender el alto el fuego y discutir retirada y garantías de seguridad; el enviado libanés Simon Karam y el adjunto del asesor de seguridad nacional israelí Yossi Draznin figuran entre los interlocutores. El Departamento de Estado describió las sesiones como “productivas” y confirmó una agenda que incluye conversaciones militares previstas en el Pentágono. Israel busca que el proceso político permita, a la larga, un arreglo de fronteras y normalización condicionada al debilitamiento de Hezbolá; Líbano prioriza un alto el fuego y la retirada de tropas antes de abordar el armamento de grupos no estatales.
Sanciones y penetración política
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a parlamentarios y funcionarios que, según Washington, preservan la influencia de Hezbolá dentro de instituciones estatales; entre los sancionados figuran el exministro Mohammed Fneish y los parlamentarios Hassan Fadlallah, Ibrahim al‑Moussawi y Hussein Hajj Hassan. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que la medida busca impedir que funcionarios “infiltrados” obstaculicen la desmovilización de la milicia y restringir su acceso a activos en EE. UU. Las sanciones marcan la primera vez que Washington castiga a oficiales de seguridad en servicio del Líbano por presunto apoyo ilícito a Hezbolá.
Costo humano y críticas
Las autoridades sanitarias del Líbano reportan miles de muertos y más de un millón de desplazados desde el inicio del conflicto; el ministerio contabilizó cientos de víctimas entre personal sanitario y numerosos ataques a instalaciones. Organizaciones y el propio ministerio denunciaron que bombardeos alcanzaron ambulancias y centros de salud, mientras el ejército israelí afirma que apunta a combatientes y examina reclamos de daños a civiles. En municipios al sur y en la región de Nabatieh, la repetida violencia ha destruido viviendas y generado nuevas oleadas de desplazamiento interno.
La actual fase del conflicto arrancó el 2 de marzo, cuando Hezbolá lanzó cohetes tras ataques estadounidenses e israelíes a Irán; el 17 de abril se negoció un cese de hostilidades que ha sido frágil y sujeto a prórrogas. Estados Unidos actúa como mediador y también como presionador: además de facilitar las conversaciones, busca desarmar a Hezbolá mediante incentivos políticos y sanciones. En el flanco regional, la discreción de aliados como Emiratos Unidos quedó expuesta tras declaraciones sobre cooperación militar —una visita que Netanyahu mencionó motivó una negación pública de Abu Dabi—, un episodio que expertos como Hesham Alghannam (Carnegie Middle East Center) y Dan Diker (Jerusalem Center for Security and Foreign Affairs) interpretan como reflejo de la sensibilidad regional hacia la normalización con Israel.
Hay discrepancias sobre hechos concretos: Israel afirma que sus ataques van dirigidos a infraestructura y combatientes de Hezbolá; el gobierno libanés y el ministerio de Salud denuncian muertes de civiles y daños a servicios sanitarios. Además, Netanyahu habló de una visita a los Emiratos Árabes Unidos que Abu Dabi negó públicamente, generando versiones contrapuestas sobre la naturaleza y el alcance de la cooperación regional.
En las próximas semanas habrá hilos diplomáticos y militares concretos a seguir: delegaciones militares de Líbano e Israel se reunirán en el Pentágono el 29 de mayo para tratar la implementación del cese al fuego; la Administración estadounidense convocó además una nueva ronda civil de conversaciones en Washington para el 2 y 3 de junio. También será clave observar si las sanciones del Tesoro se traducen en medidas adicionales y cómo afectan la capacidad de funcionarios sancionados para influir en la política interna libanesa.