Las sanciones, los bombardeos y la prórroga del alto el fuego tensionan negociaciones que buscan detener la guerra fronteriza.
El Departamento del Tesoro de EE. UU. anunció sanciones contra parlamentarios y dos oficiales de seguridad libaneses ligados a Hezbolá, en medio de una nueva ronda de conversaciones directas entre Líbano e Israel en Washington y continuos bombardeos que han dejado miles de muertos en el Líbano. La medida bloquea activos y prohíbe operaciones con el sistema financiero estadounidense a figuras acusadas de preservar la influencia del grupo armado dentro del Estado. Las conversaciones entre delegaciones libanesas e israelíes buscan extender el frágil alto el fuego y negociar repliegues y garantías de seguridad. Mientras tanto, ataques aéreos israelíes y lanzamientos de drones de Hezbolá han provocado víctimas civiles y daños a personal sanitario.
Las sanciones de Washington presionan a Beirut en momentos clave: las delegaciones de Líbano e Israel acordaron prorrogar por 45 días el alto el fuego alcanzado en abril, pero los bombardeos y ataques con drones continúan. El tema central en disputa es la desmilitarización de Hezbolá versus la exigencia israelí de garantías territoriales, mientras Líbano busca primero la retirada de tropas israelíes. El resultado de estas conversaciones determinará si avanza un acuerdo de seguridad que permita reconstrucción y retorno de desplazados.
El Tesoro estadounidense incluyó en su lista a legisladores pro-Hezbolá —entre ellos Mohammed Fneish, Hassan Fadlallah, Ibrahim al-Moussawi y Hussein Hajj Hassan— y al designado embajador iraní en Beirut por supuesta obstrucción a la desmilitarización y apoyo ilícito. Es la primera vez que Washington sanciona a funcionarios de seguridad en ejercicio en Líbano, a quienes acusó de facilitar inteligencia y recursos al grupo armado. La medida prohíbe el acceso a bienes en EE. UU. y busca limitar redes financieras usadas por Hezbolá dentro del aparato estatal. El secretario del Tesoro Scott Bessent advirtió sobre nuevas medidas contra quienes "se han infiltrado en el gobierno libanés".
“Treasury will continue to take action against officials who have infiltrated the Lebanese government,”— Scott Bessent
Las delegaciones de Líbano e Israel sostuvieron en Washington conversaciones que llevaron a la extensión del alto el fuego por 45 días, y programaron nuevas rondas diplomáticas y militares. El enviado libanés Simon Karam encabezó la misión de Beirut, mientras que la delegación israelí elevó la jerarquía tras las reuniones iniciales entre embajadores. Los equipos buscaron acuerdos sobre retirada de tropas israelíes del sur y mecanismos que, en teoría, permitirían tratar políticamente la presencia de armas de Hezbolá. El Departamento de Estado describió las sesiones como productivas, aunque las diferencias de fondo persisten.
La onda de violencia dejó un saldo humano estremecedor: el ministerio de Salud libanés situó la cifra de fallecidos en más de 3.000 desde marzo y registra cientos de trabajadores sanitarios muertos o heridos. Organizaciones sanitarias como la OMS han contabilizado ataques reiterados contra personal y centros de salud, que según la cartera han sido violaciones del derecho internacional. Más de un millón de personas han sido desplazadas dentro del país, agravando la crisis humanitaria y las necesidades de asistencia. Las autoridades sanitarias responsabilizan a los bombardeos israelíes de numerosas muertes civiles.
El ejército israelí afirmó que sus operaciones buscan golpear infraestructura y combatientes de Hezbolá, y negó que los ataques se dirijan deliberadamente contra civiles; dijo además que empleó municiones de precisión y medidas de mitigación antes de algunas acciones. Israel ha señalado que lucha contra lanzamientos de drones y ataques transfronterizos que ponen en riesgo a sus tropas y población del norte. Aun así, las demandas israelíes se centran en la eventual desarticulación del arsenal de Hezbolá como condición para una paz más amplia. Las fuerzas israelíes informaron además del aumento de las bajas militares en el sur del Líbano.
La guerra regional y las alianzas diplomáticas complican el tablero: la divulgación de cooperación militar entre Israel y Emiratos Árabes Unidos suscitó una rápida negación oficial de Abu Dabi, que busca mantener discreción sobre vínculos con Israel. Analistas como Hesham Alghannam advierten que exponer esos lazos en tiempo de guerra complica la posición de los países del Golfo y puede limitar su margen de maniobra. A la vez, Israel presiona por convertir acuerdos de seguridad en pasos hacia la normalización política, mientras otros actores regionales, incluido Irán, siguen inscritos en la contienda.
““It complicates Abu Dhabi’s wartime-frame posture by forcing it into the open — which is why the denial was issued so quickly and worded so carefully.””— Hesham Alghannam
Hay versiones encontradas sobre la responsabilidad y la magnitud de los daños: Líbano y organizaciones sanitarias acusan a Israel de atacar centros y personal médico, mientras que el ejército israelí insiste en que apuntó a infraestructura y combatientes de Hezbolá. También hay discrepancias sobre la visibilidad de la cooperación regional: Israel habló de contactos militares con Emiratos, que Abu Dabi negó públicamente. Además, la extensión del alto el fuego no ha impedido ataques puntuales, lo que mantiene dudas sobre su cumplimiento pleno.
El próximo hito serán las conversaciones militares previstas en el Pentágono el 29 de mayo entre delegaciones de Líbano e Israel, seguidas de una cuarta ronda diplomática fijada para el 2 y 3 de junio; ambos encuentros dirán si la tregua extendida se traduce en acuerdos concretos sobre retirada de tropas y mecanismos de control de armamento.