Ucrania atacó Moscú y regiones vecinas; ambos bandos reportan cientos de derribos y al menos tres civiles muertos.
La noche del 16 al 17 de mayo, Ucrania lanzó un operativo masivo de drones contra Moscú y múltiples regiones rusas que dejó al menos tres civiles muertos y decenas de heridos en la capital y sus cercanías, según autoridades regionales. El gobernador Andréi Vorobiov y el alcalde Serguéi Sobianin reportaron muertes, heridos y daños en viviendas y una refinería; las autoridades aeronáuticas suspendieron temporalmente los cuatro aeropuertos internacionales de Moscú tras la caída de restos de aparatos derribados.
Los partes militares discrepan en cifras: el Ministerio de Defensa ruso comunicó la destrucción de 273 drones en varias regiones y, en distintos reportes, declaró haber interceptado 556 aparatos sobre catorce regiones, Crimea y los mares Negro y de Azov; la Fuerza Aérea ucraniana, por su parte, dijo haber neutralizado más de 130 drones rusos y que las fuerzas de Kiev alcanzaron con un misil y 23 drones 20 puntos dentro de Ucrania. Desde Kiev, el presidente Volodímir Zelenski justificó la operación como una presión para forzar el fin de la guerra y el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) difundió que entre los objetivos estaban una refinería operada por Gazprom y plantas de bombeo y una fábrica de semiconductores.
La escalada ocurre tras el fin de una tregua de tres días y deja abiertas preguntas operativas y humanitarias: las autoridades deberán confirmar balances definitivos de víctimas y daños, restaurar la operatividad de los aeropuertos afectados y publicar nuevos partes de las fuerzas armadas; en el terreno político, queda por ver si la presión aérea anunciada por Kiev modificará la estrategia rusa o provocará más respuestas recíprocas.