Delegaciones negociaron en Washington; la violencia y cifras de víctimas siguen marcando la mesa de diálogo.
Delegaciones de Líbano e Israel acordaron en Washington extender por 45 días el alto al fuego que rige desde el 17 de abril, tras dos días de conversaciones auspiciadas por Estados Unidos. Las rondas incluyeron representantes de alto nivel —como el enviado libanés Simon Karam y el adjunto de seguridad nacional israelí Yossi Draznin— y abrieron un calendario de próximos contactos militares y políticos. Pese a la prórroga, los ataques y contraataques continúan en la frontera, donde hubo incendios de drones y bombardeos que siguen provocando víctimas civiles. El acuerdo busca buy tiempo para buscar mecanismos de seguridad y toparse con la disputa sobre el desarme de Hezbolá.
La prórroga del cese de hostilidades permite a Washington y a las partes preparar una nueva fase de negociaciones —incluida una mesa militar prevista para el 29 de mayo—, pero no resuelve los asuntos de fondo: la retirada de tropas israelíes del sur del Líbano y el futuro de las armas de Hezbolá. El grupo chií no participa en los diálogos oficiales y condiciona cualquier arreglo a equilibrios políticos internos en Beirut. Mientras, la guerra ha causado miles de muertos y desplazados, por lo que el tiempo de la tregua será evaluado por su capacidad para reducir víctimas y abrir pasos humanitarios.
Las conversaciones en Washington representan la tercera ronda de contactos directos entre Beirut y Jerusalén desde que estallaron los combates en marzo y fueron elevadas a delegaciones de mayor rango. La sesión del jueves incluyó al exembajador y actual enviado libanés Simon Karam y a representantes israelíes con mandato político, en un formato que busca convertir la tregua en un acuerdo más estable. Estados Unidos calificó la jornada como “productiva y positiva” y programó nuevos encuentros diplomáticos y militares. Aún persisten grandes diferencias sobre si las conversaciones deben apuntar a una normalización política o a un sencillo armisticio de seguridad.
El coste humanitario sigue en ascenso: los conteos oficiales varían, pero las autoridades libanesas y organismos internacionales detallan miles de muertos y más de un millón de desplazados internos. ACNUR advirtió que cerca de 1,2 millones de personas han abandonado sus hogares, una cifra que complica la entrega de ayuda y la reconstrucción en el corto plazo. Los hospitales y servicios sanitarios también sufren pérdidas entre su personal, lo que agrava la crisis humanitaria. La fragilidad de la tregua se mide, en buena parte, por la posibilidad de restaurar acceso seguro para asistencia.
Desde la delegación israelí, el embajador en Washington trazó la ambición política detrás de las conversaciones: unir seguridad con un orden bilateral normalizado que incluya fronteras y relaciones diplomáticas plenas. Yechiel Leiter planteó que las negociaciones deben prepararse como si el conflicto con Hezbolá no existiera y vincular la seguridad con ventajas políticas y económicas más amplias. Esa visión choca con la posición libanesa que prioriza primero un cese completo y la retirada de tropas israelíes. Jerusalén condiciona cualquier avance político al retroceso y desarme de Hezbolá.
““to negotiate for full peace as if Hezbollah does not exist — borders, embassies, visas, tourism, everything.””— Yechiel Leiter
La guerra regionaliza alianzas: la cooperación entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, incluida la presencia de sistemas Iron Dome, salió a la luz esta semana y obligó a los golpes de timón diplomáticos en Abu Dabi. La divulgación pública —iniciada por el embajador de EE. UU. en Jerusalén— llevó a una negación oficial emiratí, que subrayó que la normalización existe en el marco de los Acuerdos de Abraham y rechazó informar sobre despliegues militares. El episodio mostró la tensión entre la utilidad estratégica de esa alianza y la necesidad de los golos gobernantes del Golfo de mantener un perfil discreto.
Académicos de la región advierten que visibilizar estos lazos complica la política interna de los socios árabes y puede limitar su margen de maniobra en la crisis con Irán. Hesham Alghannam evaluó que forzar la apertura pública obligó a Abu Dabi a emitir una respuesta rápida y calculada: “It complicates Abu Dhabi’s wartime-frame posture by forcing it into the open — which is why the denial was issued so quickly and worded so carefully,” dijo. Para algunos analistas, esa discreción es clave para expandir la diplomacia sin encender protestas domésticas.
““It complicates Abu Dhabi’s wartime-frame posture by forcing it into the open — which is why the denial was issued so quickly and worded so carefully,””— Hesham Alghannam
Las distintas fuentes difieren en cifras y en hechos puntuales: los conteos de víctimas publicados varían —AP reportó 2.896 y luego 3.020 muertos; La Tercera citó 2.951— y hay versiones enfrentadas sobre si el primer ministro israelí realizó una visita secreta a los Emiratos, reclamada por Israel y desmentida por autoridades de Abu Dabi. Esas discrepancias complican la evaluación del impacto real de la tregua y de la coordinación militar entre aliados.
El próximo hito serán las conversaciones militares anunciadas para el 29 de mayo en el Pentágono y una nueva ronda diplomática prevista para el 2 y 3 de junio en Washington; ambos encuentros servirán para medir si la prórroga de 45 días se traduce en reducción sostenida de violencia y acceso humanitario. Los ojos estarán puestos en si las delegaciones cierran acuerdos sobre retirada de tropas y mecanismos de verificación que permitan abordar luego el controvertido capítulo del armamento de Hezbolá.