La visita subraya coordinación estratégica entre Pekín y Moscú, pero deja en suspenso el proyecto energético Fuerza de Siberia‑2.
El miércoles 20 de mayo de 2026 el presidente ruso Vladímir Putin realizó una visita de Estado a Pekín en la que fue recibido por Xi Jinping con una ceremonia oficial y un banquete en el Gran Palacio del Pueblo, y ambos rubricaron declaraciones para fortalecer la cooperación estratégica y extender el Tratado de Buena Vecindad y Cooperación. Los líderes presidieron la firma de una veintena de acuerdos y memorandos que abarcan energía, comercio, educación, exención de visados y cooperación científica, y Putin garantizó el suministro “fiable” de hidrocarburos para China mientras ambos apelaron a un orden internacional más multipolar.
La tensión central quedó en el terreno energético: el ambicioso gasoducto Fuerza de Siberia‑2 —diseñado para transportar unos 50.000 millones de metros cúbicos anuales desde Yamal a través de Mongolia— no recibió una firma definitiva. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, habló de un “entendimiento básico” sobre recorrido y construcción, pero reconoció que faltan detalles y un calendario claros; Pekín se mostró más cauto en aspectos como precios y condiciones, mientras que Rusia acude a la cita con mayor dependencia de las ventas energéticas a China tras la caída de mercados europeos. Los intercambios comerciales entre ambos avanzaron hasta alrededor de 240.000 millones de dólares en 2025, según cifras citadas por los mandatarios.
El próximo hito será la negociación técnica y financiera del proyecto Fuerza de Siberia‑2: precios, calendario y responsabilidad de ejecución siguen por definirse, y ambas capitales deberán convertir los memorandos firmados en contratos concretos si quieren acelerar la obra. Al mismo tiempo, Pekín y Moscú anunciaron coordinación sobre Ucrania y llamaron a la reanudación del diálogo en Oriente Medio, lo que coloca la cooperación energética en un marco geopolítico que seguirá condicionando decisiones futuras.