El jefe del Ejército paquistaní viaja a Teherán mientras continúan intercambios que podrían decidir la tregua en el Golfo.
El mariscal de campo Asim Munir llegó a Teherán para mediar entre Estados Unidos e Irán, y Islamabad confirma que ya recibió la respuesta iraní a la última propuesta estadounidense. El primer ministro Shehbaz Sharif dijo que la misiva llegó a manos paquistaníes, pero reservó detalles por seguridad diplomática. Irán afirma que sopesa una versión revisada del texto y mantiene consultas multilaterales en la capital. La visita de Munir se suma a los viajes recientes del ministro del Interior pakistani Mohsin Naqvi y de una delegación catarí.
La mediación pakistaní intenta convertir un intercambio de mensajes en un acuerdo que ponga fin a la guerra en varios frentes y restablezca la navegación en el estrecho de Ormuz. Las demandas iraníes incluyen el levantamiento de sanciones, la liberación de activos y el reconocimiento de su jurisdicción marítima, puntos que complican las conversaciones. Washington, por su parte, ha mostrado señales públicas de avance y amenazas de reanudar operaciones militares si no hay progreso. El resultado determinará si se mantiene la tregua iniciada el 8 de abril o se reactiva la confrontación.
El primer ministro Shehbaz Sharif confirmó en Islamabad que Pakistán recibió la respuesta iraní a la última propuesta estadounidense, aunque declinó ofrecer detalles por razones de seguridad diplomática. Sharif destacó el papel histórico de Islamabad al facilitar el reencuentro de Teherán y Washington en la mesa de negociación tras más de una década. El Gobierno paquistaní ha celebrado internamente los esfuerzos del mariscal Asim Munir y del ministro Mohsin Naqvi para mantener abiertos los canales. Esa confirmación fue divulgada mientras Munir emprendía su viaje a Teherán para continuar las consultas.
““El mariscal de campo me decía hace un momento que la respuesta de Irán ha sido recibida. No puedo dar más detalles””— Shehbaz Sharif
Desde Teherán, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Ismail Bagaei, dijo que Irán está analizando las opiniones remitidas por Estados Unidos y que las diferencias siguen siendo «profundas y amplias». Bagaei recordó que las partes han intercambiado mensajes sobre un texto de 14 puntos presentado por Irán y que la negociación requiere tiempo. También confirmó la presencia de mediadores paquistaníes y de una delegación catarí en la capital iraní, en un proceso que combina canales directos y back‑channel. Pese al intercambio, insistió en que no puede afirmarse que un acuerdo esté cercano.
““no podemos afirmar necesariamente que hayamos llegado a un punto en el que el acuerdo esté cerca"”— Ismail Bagaei
El presidente Donald Trump ha elevado la presión pública sobre Teherán, advirtiendo que «el tiempo corre» para alcanzar un acuerdo y amenazando con retomar operaciones militares si no hay respuestas satisfactorias. Las advertencias presidenciales se producen en paralelo al bloqueo impuesto por Washington a puertos y buques iraníes y a recientes incidentes en el estrecho de Ormuz. Esa línea dura busca forzar concesiones sobre el desmantelamiento del enriquecimiento de uranio y el fin de hostilidades en múltiples frentes. La escalada verbal complica la confianza necesaria para cerrar un pacto duradero.
““el tiempo corre””— Donald Trump
En contraste, el secretario de Estado Marco Rubio describió los contactos como un avance limitado y matizó que aún quedan grandes preguntas por resolver. Rubio afirmó que se ha registrado un «ligero avance» en las conversaciones con Irán, aunque advirtió sobre la imposibilidad de aceptar que se establezca un peaje en una vía marítima internacional como el estrecho de Ormuz. Su evaluación pública busca equilibrar la presión con gestos diplomáticos que justifiquen mantener la tregua. Ese mensaje refleja la simultaneidad entre exigencia militar y apertura negociadora en la estrategia estadounidense.
“"se ha producido un «ligero avance» en las conversaciones con Irán"”— Marco Rubio
Los puntos en discusión incluyen el fin de la guerra en todos los frentes, el levantamiento de sanciones, la liberación de activos iraníes bloqueados, compensaciones por daños de guerra y el reconocimiento de una jurisdicción persa sobre partes del estrecho de Ormuz. La Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA) publicó un mapa reclamando coordinación para el tránsito, y la Guardia Revolucionaria difundió zonas que considera bajo su control militar. Además, operaciones como la incautación de buques y ataques con drones en la región han tensionado la tregua y afectan la disposición de Teherán a desplazarse a foros internacionales. Esos reclamos territoriales y económicos son los nudos que deben desatarse para avanzar más allá de un acuerdo preliminar.
Las fuentes divergen sobre el estado real de las negociaciones: Irán y sus portavoces insisten en que las diferencias siguen siendo «profundas» y que un acuerdo no está cerca, mientras que responsables estadounidenses hablan de un «ligero avance». También existe discrepancia entre la postura pública de rechazo de ciertos textos y el mantenimiento de intercambios por canales mediadores como Pakistán. Esa ambivalencia sobre si el diálogo es sustantivo o meramente exploratorio marca la incertidumbre actual.
El próximo hito será el contenido de las reuniones que Munir mantenga en Teherán: Islamabad deberá trasladar formalmente la respuesta iraní a Washington y, en base a ella, la Casa Blanca decidir si mantiene la tregua o retoma operaciones. También será clave si las partes aceptan convocar una segunda ronda negociadora con fecha y formato definidos. Esas decisiones determinarán si el intercambio de mensajes se traduce en medidas concretas sobre Ormuz, sanciones y activos bloqueados.