Un grupo de 20 estrellas pobres en metales sugiere una fusión antigua que podría reescribir la historia temprana de la Vía Láctea.
Astrónomos liderados por el Dr. Federico Sestito, investigador posdoctoral en el Centre for Astrophysics Research de la Universidad de Hertfordshire, identificaron 20 estrellas muy pobres en metales situadas sorprendentemente cerca del disco de la Vía Láctea y las atribuyeron a los restos de una galaxia enana bautizada como Loki. El hallazgo, publicado en mayo en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, se apoyó en el mapa de movimientos y composiciones de la misión Gaia y en espectros de alta resolución obtenidos con el telescopio Canada–France–Hawaii; las estrellas están a unos 7.000 años luz del Sol y muestran composiciones químicas similares que apuntan a un origen común.
La composición sugiere edades mayores a 10.000 millones de años y los movimientos revelan once estrellas en órbitas progradas y nueve en retrógradas, un patrón que, según Sestito, sería compatible con una fusión ocurrida cuando la Vía Láctea era aún mucho más pequeña —posiblemente no más tarde de 3.000–4.000 millones de años tras el Big Bang— o con múltiples eventos de acreción. La Dra. Cara Battersby señaló que las estrellas muy pobres en metales son “huellas” de las primeras generaciones estelares, mientras que Hans‑Walter Rix destacó el uso de las abundancias químicas como “huella dactilar” para enlazar un mismo origen.
Los autores advierten cautela: Alexander Ji apunta que descubrimientos similares suelen terminar vinculándose a sistemas ya conocidos, por lo que el siguiente paso será comprobar si Loki es una entidad independiente o parte de otra estructura mediante conjuntos de datos más amplios y nuevos seguimientos espectroscópicos. Investigadores de la comunidad astronómica ya esperan revisar catálogos mayores y reproducir las huellas químicas y dinámicas para confirmar cuánto cambió la historia temprana de la Vía Láctea.