La detención en Miami y sanciones apuntan a reducir ingresos de un conglomerado opaco que domina turismo y comercio.
Estados Unidos intensificó esta semana su ofensiva contra GAESA, el conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, después de la detención en Miami de Adys Lastres Morera y de las declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio. Rubio sostuvo que GAESA controla cerca del 70% de la economía cubana y posee activos por alrededor de US$18.000 millones, mientras que otras estimaciones externas sitúan su participación entre el 40% y el 70% del aparato productivo de la isla; Washington ya aplicó sanciones dirigidas al holding y a su presidenta ejecutiva, Ania Guillermina Lastres.
GAESA nació en la poscrisis de la caída soviética como vehículo para que el Ejército generara ingresos y hoy agrupa hoteles (Grupo Gaviota), el puerto de Mariel, redes de comercio en moneda dura, bancos y otras empresas estratégicas, muchas gestionadas en apariencia por cadenas extranjeras. Su estructura opaca —balances fuera del presupuesto, falta de auditoría y discreción pública sobre sus mandos— alimenta críticas internas y externas: especialistas citados en los informes sostienen que la apuesta hotelera y la reinversión en turismo contrastan con apagones, escasez y recortes presupuestarios en educación y salud.
La tensión ahora se traslada a los pasos siguientes: nuevas medidas administrativas, migratorias y sancionatorias desde Washington y la vigilancia sobre ejecutivos vinculados al holding, mientras La Habana rechaza la lectura estadounidense y atribuye la crisis al embargo. El próximo hito observable será si la ofensiva estadounidense suma acciones legales o financieras adicionales y cómo modulen esas presiones cualquier negociación o respuesta política del gobierno cubano.