El metal sigue marcando máximos en 2025-2026 por la demanda ligada a IA y la transición energética, mientras la escasez, conflictos y limitaciones estructurales ponen en riesgo la capacidad de Chile para aprovechar el boom.
01El cobre ha continuado su fuerte rally entre fines de 2025 y la primera mitad de 2026: después de un 2025 en que el metal subió más de 40% y acumuló su mejor desempeño anual desde 2009, en enero de 2026 la libra superó por momentos la barrera de los US$6 en el Comex y los US$13.000 por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres. En mayo de 2026 la cotización se acercó nuevamente a máximos históricos, operando alrededor de US$6,20 la libra y acumulando fuertes avances en lo que va del año.
02Las principales fuerzas que explican este alza son la demanda vinculada a la transición energética (energías renovables, transmisión) y la electromovilidad, junto con un nuevo impulso proveniente del auge de la inteligencia artificial y la proliferación de data centers, todos intensivos en cobre. Analistas y autoridades han vinculado claramente el rally al rol estratégico del metal en la economía electrificada.
03Al mismo tiempo, factores de oferta han estrechado los mercados: inventarios en la Bolsa de Metales de Londres registraron caídas (Cochilco reportó descensos de miles de toneladas al inicio de 2026), y se sumaron interrupciones operativas como la huelga en la mina Mantoverde (Capstone) y retrasos en reaperturas o fases de minas clave en Indonesia y Ecuador. Esos eventos, junto con reportes de acaparamiento físico en algunos mercados, alimentaron la volatilidad y los picos de precio.
04El conflicto en Medio Oriente, y en particular las tensiones relacionadas con Irán, añadió un nuevo canal de riesgo: la disrupción de exportaciones regionales de azufre y ácido sulfúrico —insumos críticos para procesos de lixiviación— fue señalado como un motor reciente de las subidas, al elevar temores sobre la continuidad en el procesamiento y refinación del cobre.
05Un informe de S&P Global alerta que, más allá de los shocks puntuales, existe una encrucijada estructural: la demanda podría crecer cerca de 50% hacia 2040, creando un déficit de alrededor de 10 millones de toneladas métricas si no aparece nueva oferta masiva. A su vez, factores como la caída de la ley del mineral (cifrada en alrededor de 44% desde 2000), la escasez de agua, retrasos regulatorios y concentración de capacidad de fundición complican la respuesta del suministro y exigen inversiones y cambios en gobernanza y permisos.
06El boom del precio ya tuvo efectos concretos en las cuentas chilenas: en 2025 las exportaciones totales del país superaron por primera vez los US$100.000 millones, de las cuales el cobre aportó un récord cercano a US$55.200 millones. Con precios elevándose por encima de los supuestos presupuestarios, expertos estiman que la recaudación efectiva por cobre en 2026 podría superar lo proyectado por varios miles de millones de dólares, aunque esa ganancia es principalmente transitoria y no sustituye reformas estructurales en la política fiscal ni en la gestión de Codelco.
07En el plano del mercado, bancos y casas de análisis han elevado proyecciones para 2026-2027 (con pronósticos que en escenarios alcistas sitúan la tonelada en torno a US$13.000–15.000), pero también advierten sobre la naturaleza irregular del repunte (inventarios bajos, cambios en flujos físicos y riesgos geopolíticos). Columnistas y académicos insisten en que, si bien la coyuntura ofrece una ventana para fortalecer finanzas y empresas, es probable que parte del exceso de precio se modere cuando se resuelvan contingencias y se acomode la oferta.
08La lección para Chile es doble: por un lado, el país tiene una oportunidad económica histórica si logra resolver cuellos de botella; por el otro, asegurar que ese beneficio sea sostenible exige reformas e inversiones: acelerar permisos con consultas responsables, financiar infraestructura hídrica (incluida desalinización), ampliar capacidades de procesamiento y atraer capital a largo plazo, todo ello con gobernanza estable para mitigar riesgos y garantizar que la minería pueda responder a la demanda del mundo electrificado.