La nueva denominación busca corregir el foco exclusivo en los ovarios y mejorar diagnósticos y atención clínica.
Un consorcio internacional de 56 organizaciones anunció en The Lancet que el síndrome de ovario poliquístico (SOP) pasará a llamarse síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP o PMOS en inglés). El cambio fue resultado de 14 años de trabajo conjunto entre médicos, investigadores y pacientes y se publica tras una revisión amplia de literatura y encuestas clínicas. Afecta al 10–13% de mujeres en edad reproductiva y, según expertos, su antigua etiqueta promovía diagnósticos tardíos y atención fragmentada. El anuncio pretende reorientar la enfermedad como un trastorno hormonal y metabólico sistémico, no exclusivamente ginecológico.
El cambio de SOP a SOMP/PMOS busca corregir un sesgo terminológico que relegó las manifestaciones metabólicas y cardiovasculares de la enfermedad. Al centrarla en los ovarios, se limitó la derivación a pruebas de resistencia a la insulina, lípidos y evaluación cardiometabólica, dicen los autores. Reconocerla como un trastorno poliendocrino podría ampliar la investigación, financiamiento y protocolos clínicos, y reducir el estigma asociado a la palabra “quistes”. En la práctica clínica, implicaría más cribajes preventivos y atención multidisciplinaria.
La endocrinóloga Helena Teede lideró el proceso que derivó en la nueva denominación y explicó que la vieja etiqueta colocaba la condición “en la caja equivocada”. Tras analizar resultados clínicos y opiniones de miles de pacientes, el consorcio concluyó que la palabra “poliquístico” resultaba engañosa porque muchos pacientes no presentan quistes ováricos. El cambio fue publicado en The Lancet y acompañado de una hoja de ruta para difundir la nueva terminología entre profesionales de la salud.
““Cuando se considera que una afección afecta a un órgano, todo, desde la financiación de la investigación hasta la educación y las directrices clínicas, se pone en esa caja. Y en este caso, estaba en la caja equivocada”.”— Helena Teede
Investigadores y sociedades médicas subrayan que PMOS engloba alteraciones hormonales que afectan peso, piel, fertilidad y riesgo metabólico. Estudios y organismos como la OMS estiman una prevalencia cercana al 10–13% en edad reproductiva, con muchos casos no diagnosticados y asociación con resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Mover el foco hacia lo metabólico pretende que se incorporen pruebas de glucosa e lípidos en seguimientos rutinarios.
En la práctica clínica, especialistas piden más derivaciones y trabajo multidisciplinario porque los tratamientos y las prioridades varían según los objetivos de cada paciente. Andrea Dunaif advirtió que, pese al avance, el nombre no resuelve todas las imprecisiones científicas: propone reconocer subtipos clínicos y alerta que algunos aspectos metabólicos podrían afectar a personas sin ovarios. La discusión médica seguirá en congresos y guías clínicas mientras se adapta la atención.
Organizaciones de pacientes celebraron la modificación y anunciaron campañas para reducir el estigma y mejorar la información pública. Rachel Morman, presidenta de Verity PCOS UK, afirmó que el cambio “replanteará la conversación y exigirá que se lo tome tan en serio como la afección de salud compleja y de largo plazo que es”. El consorcio comunicará la nueva denominación globalmente y trabajará con sociedades médicas para incorporar mensajes en la formación clínica.
““Este cambio replanteará la conversación y exigirá que se lo tome tan en serio como la afección de salud compleja y de largo plazo que es”.”— Rachel Morman
En cuanto a manejo, especialistas como Melanie Cree recuerdan que las intervenciones iniciales suelen ser cambios en estilo de vida y tratamientos dirigidos a síntomas específicos, desde metformina hasta anticonceptivos o terapias para fertilidad según el objetivo reproductivo. La expectativa es que la nueva etiqueta impulse estudios sobre intervenciones metabólicas y terapias individualizadas. Sin embargo, los clínicos llaman a personalizar la atención y no aplicar un enfoque único.
Aunque la mayoría de expertos celebra el cambio, hay debate sobre si el nuevo nombre capta por completo la heterogeneidad del trastorno. Andrea Dunaif y otros científicos plantean que podría ser necesario delimitar subtipos clínicos y reconocer efectos metabólicos en personas sin ovarios, una matización que la reforma terminológica no resuelve automáticamente.
El próximo hito será la difusión y adopción de la nueva denominación en protocolos y guías clínicas: el consorcio prevé una campaña internacional de alrededor de tres años para comunicar PMOS a médicos y pacientes. La efectividad del cambio se medirá en la incorporación de cribajes metabólicos en la práctica rutinaria y en futuras actualizaciones de guías locales e internacionales.