Las protestas y bloqueos por el 'evismo' tensan al Gobierno; la ejecución de órdenes de captura marcará el próximo paso político.
Evo Morales aseguró desde la clandestinidad en el Chapare que Bolivia vive una “rebelión” contra un gobierno que está “sometido” a Estados Unidos y negó ser el impulsor directo de las manifestaciones que ya cumplen un mes. Permaneciendo resguardado por sus seguidores en el Trópico de Cochabamba, el expresidente recordó que enfrenta órdenes de detención en un proceso por presunta trata agravada de personas y planteó llamar a elecciones en 90 días, mientras las marchas en La Paz y los bloqueos en varias regiones provocan escasez de alimentos, medicinas y combustibles.
La tensión se agravó tras un corte de energía en el Trópico que sectores afines interpretaron como parte de un supuesto operativo para capturar al exmandatario y que motivó el refuerzo de bloqueos y vigilias; la dirigente campesina Jesusa Yampara dijo que el plan “ha fracasado”, mientras la estatal ENDE explicó que el apagón fue por la caída de un poste y el comandante policial Freddy Vargas habló de “zozobra” entre la población. El gobierno de Rodrigo Paz endureció su discurso y el portavoz José Luis Gálvez atribuyó los bloqueos a un “plan macabro” financiado por el narcotráfico, en tanto Morales denuncia un operativo apoyado por la DEA y el Comando Sur para detenerlo o incluso matarlo.
El juicio por la causa de trata quedó suspendido hasta que Morales se presente o la Policía ejecute las órdenes de captura, y el Congreso derogó una norma que facultaba al presidente a declarar estados de excepción sin aprobación parlamentaria; el próximo hito será si las fuerzas de seguridad intentan cumplir las detenciones, un movimiento que definiría si la crisis se concentra en la vía judicial o si los bloqueos y la escasez continuarán marcando la agenda del país.