Mientras la tregua se mantiene de forma imperfecta, altos mandos y ministros israelíes enfatizan la continuación de la campaña; al mismo tiempo Israel actúa para defender su imagen internacional y responde legalmente a denuncias periodísticas.
01El director ejecutivo de la Junta de Paz para Gaza, Nickolai Mladenov, afirmó el 14 de mayo de 2026 que el alto el fuego en Gaza se mantiene pero está "lejos de ser perfecto", con violaciones diarias y algunas de ellas muy graves. Celebró que las armas "hayan callado casi por completo" y resaltó la existencia de una "relativa estabilidad", pero subrayó que el desarme de las milicias palestinas no es negociable en el marco del proceso propuesto por la administración estadounidense.
02Mladenov denunció además que Hamas se negó a entregar de forma gradual todas las armas según el acuerdo de 20 puntos y acusó al movimiento de afianzar su control sobre la población: extorsiones en la calle, bloqueo a trabajadores y contratistas destinados a construir refugios temporales y, en su diagnóstico, un obstáculo para cualquier proceso de recuperación mientras existan estructuras armadas paralelas.
03En respuesta, el portavoz de Hamas, Basem Naim, rechazó la labor de Mladenov y afirmó en redes sociales que el funcionario "no es digno de estar al frente de una administración de transición para el pueblo palestino ni siquiera por un solo día", cuestionando su imparcialidad en las negociaciones.
04En el terreno militar, el jefe del Ejército israelí, Eyal Zamir, declaró el 13 de mayo que "la campaña no ha terminado" y que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) están "preparadas en defensa y al ataque" desde Cisjordania hasta Irán. Zamir afirmó que las FDI operan con iniciativa y a la ofensiva en múltiples frentes —Cisjordania, Gaza y Líbano— indicando que seguirán realizando operaciones antiterroristas y ofensivas cuando lo consideren necesario.
05En el plano político interno, el ministro de Cultura israelí Miki Zohar insistió en enero de 2026 en que Gaza "también es nuestra" y calificó a los palestinos que viven allí como "huéspedes". Zohar criticó además a cineastas israelíes que, según él, dañan la imagen del país y advirtió que la financiación pública del sector cultural podría depender de producir obras que correspondan a la narrativa oficial.
06Paralelamente a estas tensiones en el terreno político y militar, una investigación del New York Times y reportes posteriores sostienen que el gobierno de Israel desplegó una campaña organizada de "poder blando" para mejorar su imagen en el Festival de Eurovisión, destinando al menos alrededor de un millón de dólares en marketing (incluyendo 800.000 dólares en 2024 para promoción del voto). No obstante, no hay evidencia de uso de bots para distorsionar los resultados y los directivos de Eurovisión afirmaron que las acciones no afectaron los resultados de 2024 y 2025; tras las quejas la Unión Europea de Radiodifusión redujo el máximo de votos por persona para 2026.
07Ese esfuerzo de imagen se enfrenta a presiones culturales y boicots: más de 1.100 artistas y trabajadores culturales, entre ellos figuras como Brian Eno, Massive Attack y Roger Waters, firmaron una carta abierta pidiendo el boicot del certamen si Israel no era excluido. Israel participa en 2026 con Noam Bettan.
08En el ámbito mediático y jurídico, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha ordenado demandar por difamación al New York Times tras una columna del periodista Nicholas Kristof que denunciaba presuntos abusos sexuales y humillaciones a palestinos por parte de soldados, colonos y carceleros israelíes. Organizaciones como B’Tselem, Médicos por los Derechos Humanos y Amnistía Internacional han documentado denuncias de malos tratos y violencia sexual en cárceles israelíes; entre los testimonios citados aparece el de Sami al Sai, un exprisionero entrevistado por EFE que relató abusos.
09Implicaciones: las noticias recientes muestran una doble dinámica. En el plano operativo y de seguridad, Israel mantiene una postura de acción sostenida y una exigencia de desarme de milicias como condición para procesos de transición en Gaza; en lo político y cultural, el gobierno busca controlar tanto la narrativa interna (presionando a la industria cultural) como la externa (campañas de imagen y respuestas legales a denuncias periodísticas). Todo ello ocurre mientras el alto el fuego es frágil y la población en Gaza sigue sufriendo desplazamiento y destrucción, según los informes citados.