Nueva oleada de secuestros escolares en Nigeria
Ataques en el noreste y el sur dejan decenas de estudiantes desaparecidos y activan operaciones conjuntas con EE. UU.
- 01Secuestro en Askira‑Uba
- 02Incidente inusual en el sur
- 03Operaciones conjuntas con EE. UU.
- 04Impacto en la educación
- ◆Contexto
- ◆Qué se disputa
- ◆Qué viene
En una semana de violencia, ataques coordinados contra colegios en el estado de Borno y en Oyo dejaron entre 30 y más de 80 estudiantes desaparecidos, según autoridades locales y grupos de derechos. La ofensiva que alcanzó a la primaria y secundaria de Mussa, en Askira‑Uba, fue atribuida a Boko Haram y su escisión ISWAP; en Oyo, tres sospechosos fueron detenidos tras asaltos raros en el suroeste. El gobierno nigeriano, apoyado por fuerzas y asesoría estadounidense, ha lanzado operaciones que han matado a líderes y combatientes del Estado Islámico local en días recientes. Las cifras y versiones difieren por jurisdicción, pero el efecto es el mismo: familias aterradas y escuelas vacías.
Los ataques combinan la vieja dinámica de secuestros con la nueva fase de cooperación militar entre Nigeria y Estados Unidos, que esta semana asesinó a un líder destacado de ISWAP e infligió bajas a sus filas. La violencia obliga a comunidades a retirar a niñas y niños de las aulas y agrava una crisis humanitaria que ya desplazó a millones desde 2009. La respuesta está fragmentada: detenciones locales, operaciones militares transnacionales y promesas de investigación que organizaciones de derechos cuestionan.
Secuestro en Askira‑Uba
Autoridades del estado de Borno informaron que hombres armados atacaron por la mañana la escuela primaria y secundaria de Mussa, cerca del bosque de Sambisa, y se llevaron decenas de alumnos; el portavoz policial Nahum Daso confirmó la presencia de presuntos yihadistas y dijo que varios estudiantes huyeron durante el pánico. El senador Mohammed Ali Ndume detalló para las autoridades escolares un conteo preliminar que atribuye 42 secuestrados —28 de primaria, cuatro de secundaria y diez menores tomados en sus hogares—, mientras que líderes locales reportaron además varias viviendas incendiadas y al menos seis muertos. El episodio revive la vulnerabilidad de centros educativos en el noreste, región donde operan Boko Haram e ISWAP.
Incidente inusual en el sur
En el suroeste, en el área de Oriire del estado de Oyo, tres hombres señalados por la comunidad como autores de ataques nocturnos a dos escuelas primarias fueron detenidos por la policía, informó el portavoz Ayanlade Olayinka, aunque las autoridades aún evalúan el número exacto de alumnos potencialmente raptados. Las detenciones ocurren en una zona donde los secuestros escolares son raros, lo que aumentó la alarma pública y obligó a reforzar patrullajes locales. Peter Wabba, funcionario de Mussa, dijo que las familias esperan la acción del gobierno para el rescate, mientras la policía no descartó la búsqueda de más sospechosos.
Operaciones conjuntas con EE. UU.
El gobierno nigeriano ejecutó durante el fin de semana una operación coordinada con tropas y apoyo estadounidense que, según el Ejército, mató a Abu Bakr al‑Mainuki y a decenas de combatientes de ISWAP; el portavoz militar Samaila Uba y la cúpula nigeriana atribuyeron a la cooperación la identificación de objetivos y la neutralización de bastiones. El comandante del AFRICOM, general Dagvin Anderson, dijo ante el Congreso que las fuerzas nigerianas fueron instrumentales en la inteligencia y el apoyo logístico; el presidente Donald Trump difundió que dirigió la misión. Analistas como Bulama Burkati advirtieron que, pese al impacto táctico, será necesario sostener la presión para afectar finanzas y reclutamiento del grupo.
Impacto en la educación
Amnistía Internacional advirtió que la amenaza de secuestro está forzando a muchas familias a sacar a sus hijos de la escuela y que en algunos casos las niñas son retiradas y casadas para 'protegerlas' del riesgo; ese éxodo aumenta la vulnerabilidad de generaciones enteras. En comunidades como Mussa, líderes de la milicia local que coopera con el Ejército, como Muhammad Goni de la Fuerza de Tarea Conjunta Civil (CJTF), señalaron que los atacantes dispararon durante horas antes de llevarse a los estudiantes, y vecinos temen que algunos menores sean reclutados. Organizaciones de derechos cuestionan además la eficacia de las promesas oficiales de investigación y justicia.
La insurgencia de Boko Haram y su escisión ISWAP, activos desde 2009 en el noreste, han convertido al bosque de Sambisa y la cuenca del lago Chad en bastiones de violencia que incluyen secuestros masivos —como el de Chibok en 2014— y desplazamientos masivos. Tras un roce diplomático el año pasado, Abuja abrió cooperación militar con Estados Unidos y en febrero llegaron tropas en papel consultivo; las operaciones recientes muestran una fase más activa. Al mismo tiempo, grupos criminales de 'bandidos' en el centro y noroeste explotan el secuestro para obtener rescates, complicando la respuesta militar y civil.
Las fuentes discrepan sobre el número exacto de secuestrados —cifras citadas van de 30 a 42 en Borno y hasta 48 en reportes locales— y hay debate sobre el rango jerárquico de Abu Bakr al‑Mainuki; el gobierno lo presentó como una figura de alto nivel en IS, pero algunos analistas cuestionan esa designación.
En las próximas semanas habrá que seguir el resultado de los conteos oficiales y las búsquedas por los estudiantes desaparecidos, las eventualidades legales tras las detenciones en Oyo y las investigaciones prometidas por las autoridades locales. El Parlamento y el AFRICOM enfocarán audiencias y reportes tras las operaciones —el general Dagvin Anderson ya declaró ante el Congreso— y el Ejército anunció nuevas ofensivas para 'negar refugio' a terroristas en el noreste. Organizaciones de derechos esperan además respuestas a sus denuncias sobre presuntas muertes civiles en ataques aéreos.