Entre el balance del 18‑O, la autocrítica de Gabriel Boric y análisis de opinión, emerge la exigencia de sanar heridas, ofrecer proyectos concretos y abandonar la retórica confrontacional
01Los últimos meses han instalado en el debate público una intensa autocrítica de la centroizquierda y la izquierda chilena: la conmemoración del 18 de octubre, declaraciones de analistas y la primera reaparición pública de Gabriel Boric tras dejar La Moneda confluyen en la idea de que es necesario revisar errores políticos y estratégicos para volver a ser mayoría.
02En el sexto aniversario del estallido social, el analista Daniel Mansuy sostuvo que “ese 18 de octubre envejeció muy mal”: recordó que, junto con un malestar social masivo y legítimo, se desencadenó violencia inorgánica —quemas de Metro, ataques a iglesias y degradación del espacio público— y que distintas versiones de la izquierda respaldaron en diverso grado una dinámica que buscaba sacar al presidente electo, convalidando la violencia en distintos niveles.
03Gabriel Boric, en su primera aparición pública en Chile tras dejar el gobierno, hizo una autocrítica explícita: admitió que su administración “no leyó bien las señales” de la ciudadanía —en particular la advertencia de la elección parlamentaria de 2021— y se consideró “el principal responsable” de esa lectura insuficiente; también señaló fallas en la interpretación del proceso constituyente y llamó al progresismo a recomponer relaciones internas y a “sanar heridas” para poder construir un proyecto político capaz de volver a ser mayoría.
04En el plano intelectual, la profesora Yanira Zúñiga advierte sobre la ‘melancolía de la izquierda’: la incapacidad de proyectar utopías en el siglo XXI puede derivar en un autoaislamiento nostálgico que paralice la acción. Propone abandonar el mesianismo, la glorificación de la violencia y los lenguajes grandilocuentes, sustituyéndolos por utopías concretas, modestas y acumulativas que mejoren materialmente la vida de la mayoría.
05Otro eje del debate es la crítica a las tácticas de la oposición y a la responsabilidad política histórica: en una columna sobre la ‘‘burla del tiempo’’ se cuestiona la estrategia de obstrucción parlamentaria —descrita con la metáfora del “tsunami” de indicaciones— y se reprocha la falta de propuestas responsables para corregir errores pasados (por ejemplo, fallas asociadas a reformas previas). El argumento apunta a que la deliberación democrática no puede transformarse en espectáculo de desgaste si el país enfrenta urgencias reales.
06De los textos se desprenden coincidencias prácticas: 1) urgencia de una autocrítica sincera sobre el rol de la movilización social y el uso de la violencia (mención explícita en el aniversario del 18‑O); 2) necesidad de traducir debates internos en propuestas que mejoren condiciones materiales concretas; y 3) abandonar la lógica de confrontación rápida en redes sociales y la táctica de desgaste legislativo para priorizar la conversación y la construcción de mayorías.
07Las piezas alertan además sobre riesgos políticos inmediatos: mientras algunos analistas y columnas prevén la posibilidad de una votación histórica para la derecha si la izquierda no se renueva, se subraya que la salida no pasa por volver al pasado mítico ni por acritud permanente, sino por construir un proyecto progresista de “nuevo cuño” que conecte con las preocupaciones cotidianas y recupere apoyo ciudadano en la práctica y no sólo en la retórica.